Alma dura que sumerges
los pesares de mi cuerpo
entre cortes de cuchillos
que me acechan en las tardes.
Alma dura que convences
A los siervos del tormento
De que siempre les perdonan
Aunque ya no quede tiempo
Alma dura que me inviertes
La razón y el pensamiento
Con palabras desteñidas
por el mar de los lamentos.
Alma dura ¡escucha!
El dolor que me causas
Te endurece como hierro
Más cada día, más cada noche.
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