nubes

Como dos nubes solo tenemos
que desear soplar para besarnos

un sueño

Hoy he soñado contigo. Y ha sido un sueño agradable, aunque no lo creas.
Estábamos acostados, yo apoyada en tu pecho. Notaba tu piel bajo mis yemas, dibujaba tus facciones con acierto. Acaparaba tu olor en mi nariz, ¡todo tu olor debía ser mío! Ese olor fuerte a caramelo que te nace en el cuello, ente la oreja y la nuez.
La punta de mi nariz rozaba tu cara recién afeitada. Y mis ojos estaban tan cerca de tus parpados cerrados, que podían ver como se trasparentaba tu pupila. Eran suaves al tacto y mis dedos lo sabían, por ello no podían dejar de acariciarlos.
Tú no estabas consciente, sólo me aproximaba a tu cuerpo, a tu cara, tan inmerso en un sueño sereno, una serenidad que se dibujaba en tus labios, en tus gestos…
No se si tu sabías que yo estaba allí, que te estaba rozando con cariño, que te estaba recordando en mi sueño. Me gusta pensar que yo te soñaba dormido soñando conmigo. ¿aún sueñas conmigo?
Últimamente pienso mucho en ti, mucho más que antes, mucho más que nunca.
Hasta hace un tiempo, pensaba que no te amaba, pero esta mañana al despertar de mi sueño he sentido serenidad y ternura a la vez que pena y angustia ¿no es eso amor?
Sentía amor al tocarte y acariciarte los labios que tantas veces me sonrieron. En mi sueño me sentía feliz, sentía felicidad al observarte y rozarte con timidez y dulzura, con admiración; pero al despertar la angustia a nublado esa serenidad que ha amanecido entre mis manos. Angustia de pensar que quizá nunca más pueda ocurrir eso; y más que miedo a no poder volver a acariciarte he sentido miedo de querer volver a hacerlo.
Yo creí que no te amaba, yo creí que ya no te conocía. Pero esta noche bajo mis manos y mi mirada eras el mismo hombre tierno y amante resignado que una tarde cualquiera de verano me acariciaba el pelo mientras yo dormía recostado en su pierna.
Ahora me siento perdida, perdida por haberte hecho perderte.

El sol entraba por la ventana de enfrente de mi cama al despertar, pero también sus rayos iluminaban mi sueño, quizá por eso me parecía tan real. Se condensaban sobre tu rostro y lo mostraban radiante bajo el recorrido de mis dedos ágiles, tan ágiles como las hojas que se desprenden de los árboles en otoño y planean hasta el suelo posándose en él con suavidad; tan ágiles que, en apenas unos segundos que ha durado la luz de mi sueño, han sabido recordarte con infinita perfección.
Al despertar y recordar el sueño no he podido levantarme de la cama. He querido volver a dormirme para hacerte volver junto a mí, para volver a sentir tu respiración al unísono con la mía. El deleite qua ha supuesto recuperarte esta noche aún se vislumbra en mis ojos a estas horas de la tarde.

Pero realmente, no se si quiero que esto ocurra en la realidad. No me gustaría hacerte daño de nuevo. Aunque parece que ya no te hieren mis palabras y eso me alegra porque de ese modo ya no puedo herirte, pero también me hace pensar que del mismo modo que esquivas mis palabras rencorosas también podrás hacerlo con las dulces, con todas esas palabras dulces que hoy me apetece decirte. Aunque quizá no las esquives, quizá ya siquiera las escuches; eso es lo que me hiere a mí: tu silencio.

Sabes donde estoy, pero…no sabes en que pienso, no sabes que pienso en ti. Te he hecho dudar tantas veces, ¿verdad amor?, que ahora ya no quieres escucharme.

Quiero que sepas una cosa, cuando realmente sepa que te quiero, te buscaré y haré que vuelvas a amarme como aquella tarde de verano.

HUECA

No sale nada de mis ojos,
ya no preguntan mis miradas,
ahora son piedras brillantes
colocadas en mis parpados.

Doloroso sentirse inerte,
doloroso sentirse dura y firme
como la madera.

Resuena el eco en mi pecho,
esta vacío de rencor y rabia
pero también de amor o cariño.

Cada palabra tuya resbala por
dentro de mi cuerpo hueco y
cae al suelo aplastándose contra
la tierra que me sostiene aún de pie
frente al espejo de mis crueldades.