olor a mar

Y en la cómoda de la vida
guardaba, como gran tesoro,
toda su felicidad proscrita.

Hasta que, yendo a ninguna parte
sin expresión alguna, la pena -
no de mañana, sino del pesar que
provoca hablar de los hombres malos-
acaparó el verde de sus ojos.

Y cansados del olor a mar de su madre
cayeron estrepitosos alrededor de él.
Lo encontró divertido, a la vez que triste.
Y deseó poder trazar círculos redondos
como las pupilas de los que le rodeaban

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustaría saber que piensas...