Madrid es la ciudad sin viento, le dijo.
Entonces, puedo decir lo que quiera,¿no? Respondió ella.
Él no entendía, ¿porqué me haces esa pregunta?
Porque aquí las palabras permanecen, no se las lleva nada.
No podía llevar más razón.
De acuerdo, dí lo que quieras, pero piénsalo bien, si más tarde te arrepientes de lo que dijiste no habrá quien lo borre.
Pues …entonces yo traeré el viento a la ciudad.
Porque quieres hacer eso?
Imagínate, si Madrid tiene X años de historia, debe haber miles de millones de palabras ancladas a sus calles, sus aceras sus fachadas, sus tiendas, su cielo… un día tanto peso hundirá la ciudad.
Estas equivocada, el peso de las palabras nunca será suficiente para hundir esta ciudad, pero por el contrario, si podría hundir a quienes en ella habitamos.
Ella se quedó pensando, miraba al cielo.
Se giró hacia él y sus ojos se dijeron: menos mal que entre nosotros, hoy sobran las palabras.