Sí, ya la veo. En lo altoatada, maltratando al sol.
Caída del infinito, como
su cabello fino y rencoroso.
Alza una mano, la detiene
parando el viento. Se derrite.
Abre los ojos, las pestañas
se queman con su mirada.
Erguida amenaza al sol,
insurrecta ante el cielo
clama, pierde el norte.
Pasa un segundo, ha ganado
la batalla. Oscuridad.
Huye el astro, la veo,
intacta. Atormenta su fiereza,
la persigue la penumbra.
Oscuridad, cien destellos,
las guardianas del cielo.
Permanece inmóvil, flota,
entre días invisibles.
Y la veo, desplomarse.
Sobre la tierra fértil, grita.
Impacto. Terminó la noche,
el amanecer gana la guerra.
