Esta Noche

Sí, ya la veo. En lo alto
atada, maltratando al sol.
Caída del infinito, como
su cabello fino y rencoroso.

Alza una mano, la detiene
parando el viento. Se derrite.
Abre los ojos, las pestañas
se queman con su mirada.

Erguida amenaza al sol,
insurrecta ante el cielo
clama, pierde el norte.

Pasa un segundo, ha ganado
la batalla. Oscuridad.
Huye el astro, la veo,
intacta. Atormenta su fiereza,
la persigue la penumbra.

Oscuridad, cien destellos,
las guardianas del cielo.
Permanece inmóvil, flota,
entre días invisibles.

Y la veo, desplomarse.
Sobre la tierra fértil, grita.
Impacto. Terminó la noche,
el amanecer gana la guerra.

Quizá Barcelona

Castigamos al asfalto,
ahora paran los relojes.
Maltratan al asterisco y
asedian los susurro de
la hierba de esta ciudad.

Sobre los árboles se desploma
el tiempo, prensa su sabia.
Cae al suelo, y brota un hombre,
que alza la vista y dice:
¿Barcelona?

Delicias de piel de Argento

Delicias de piel de argento,
huyen derramando en luz,
la Intensa y fría nostalgia
que peca desperdiciada
bajo insulsos paladares.

Perversos cánones de tiempo
que pueriles se desprecian
permitiendo que las olas,
cansadas de tanto agua,
deserten en mi conciencia.

Jirones de seda acompasados
con la lluvia y la certeza,
cabalgan entrelazados con
la ingrata evidencia de que
sueñe donde sueñe…
estoy despierta.