100 Cosas que ya he hecho en la vida

He tomado las uvas en la Puerta del Sol.
He vivido en 3 ciudades.
Me he perdido en un Centro Comercial.
He comido carne de canguro.
He corrido en San Fermines.
He bebido durante 7 días seguidos.
He cantado en un karaoke.
He dormido 26 horas.
He besado a dos personas a la vez.
He mordido.
He echado de menos.
He echado de más.
He salido de fiesta en Ibiza.
He ido sola al cine.
He cantado en primera fila durante el concierto de uno de mis grupos favoritos.
He hecho el Camino de Santiago.
He visitado varios países sin pisar sus capitales.
He tenido sexo con un modelo.
He visto anochecer desde dentro del mar.
He escrito poesía.
He cambiado un regalo.
He llevado liguero.
He cabalgado.
He llevado tacones de 12 centímetros.
He olvidado cumpleaños importantes.
He visto a mis padres solteros.
He enfermado hasta el delirio.
He presenciado un atraco.
He hablado en sueños.
He ido a una fiesta vestida de Audrey Hepburn.
He visto morir.
He dormido al raso.
Me he caído por una escalera.
He vivido meses sin televisión.
He querido mucho.
He usado zapatos topolino.
He atado a alguien.
He perdido los papeles.
He llorado en París.
He desordenado alguna vida.
He pedido favores.
He hecho llorar.
He hecho reír.
He sido motivo de enfado.
He conocido al hombre ideal.
He comprado en un mercadillo de antigüedades.
He tocado el piano.
He “violado” a alguien.
He pintado cuadros.
He mirado con deseo.
Me he cortado el pelo muy muy corto.
He competido a nivel nacional.
He aprendido el significado de "saudade".
He pellizcado con los pies.
He dormido en un tren.
Me he desnudado frente a un desconocido.
He sido atropellada.
He gritado hasta quedarme sin voz.
He llegado una hora tarde a un examen.
He hablado por la radio.
He recreado escenas de películas en la intimidad.
He perdido los zapatos.
Me he acostado con alguien virgen.
He sido donante de sangre.
Me he duchado acompañada.
He aprendido un nuevo idioma.
He contribuido a formar una pareja.
He evitado mencionar mi condición de soltera en el trabajo.
He escrito cartas que nunca mandé.
He visto casarse a un amigo.
Me he vestido de hombre.
He admirado a mis padres.
He mentido para conseguir algo.
He besado bajo la lluvia.
He contribuido a la realización de una fantasía.
He tenido a mi mejor amiga en la otra punta del mundo durante un año.
He trabajado en un hospital.
He tenido un empacho de chirimoyas.
He volado en avioneta.
He recordado olores de mi infancia.
He estado en una comisaría.
Me han roto la nariz de un cabezazo.
He estado un día entero paseando sola por la ciudad.
He sentido compasión por una anciana.
He hecho promesas que no pensaba cumplir.
He dormido en un portal.
He tenido pesadillas después de ver una película de terror.
He aguantado dos minutos bajo el agua.
He susurrado barbaridades.
He llevado sombrero.
Me han dado más de cincuenta puntos.
He visto cinco películas seguidas.
He estado cuarenta y ocho horas desnuda.
Me han enseñado a jugar al ajedrez.
He pisado uvas para hacer vino.
He navegado a vela durante una semana.
He enseñado a nadar a un niño.
He ido al funeral de un amigo.
He oído mi nombre completo en la megafonía de un aeropuerto.
Me han besado en la Puerta del Sol.


“…he visto Rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta Bettanhauser…”

Verdades a medias

"Miento más que hablo" le dije con la mirada.
Él me besó, y un "ahora es cosa tuya"se deslizó de mis labios calientes.

¿Quién lleva los pantalones?

a: - Cámbiate, no pienso salir contigo de casa con eso.

b: - ¿Ya estamos con el tema de los vaqueros?¿Qué tienen de malo?

a: - Cada vez que sales con esos vaqueros terminamos mal.

b: - Como si la culpa fuese de los pantalones...

a: - No, por lo general es tuya. Pero esos vaqueros tienen mucho que ver.

b: - Quizá terminemos mal porque empezamos discutiendo por los vaqueros...

a: - Sólo te pido que te cambies, no hagas una montaña de esto.

b: - Pues no pienso cambiarme, así que tú verás...O seguimos discutiendo y llegamos tarde o nos vamos ya.

a: - Sabes que esto va terminar mal. ¡Cámbiate!

b: - Bien, pues no salimos y punto.

a: - No puedo hacerles eso, ¡es su aniversario!

b: - Entonces vámonos ya.

a: - Te he dicho que no pienso salir de casa si llevas esos vaqueros.

b: - Pues ya está todo dicho. Nos quedamos.

a: - ¿Por qué tienes que comportarte siempre como si tuvieses doce años?

b: - ¿Y tú por qué crees que tienes derecho a decirme los vaqueros que puedo o no puedo llevar?

a: - Venga, hazme el favor. Cámbiate, que ya llegamos tarde...

b: - He dicho que no, y ya no me vas a hacer cambiar de idea. Yo no me muevo.

a: - Tú lo has querido. Voy a llamar para decir que no vamos.

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.
.

a: - Hola. Mira, que...bueno, hemos vuelto a discutir y no vamos a ir a la cena. Lo siento muchísimo. Ya sabes como se pone a veces...

c: - Está bien. ¿porqué no os pasáis mañana y nos tomamos un café?

a: - Claro, estupendo. Muchas gracias y mil perdones. Con lo cabezota que es, no hay quien consiga que entre en razón...

c: - Solucionadlo anda, que ambos sabéis que no podéis estar enfadados...Nos vemos mañana.

a: -Cuenta con ello. Ciao.
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.

d:- ¿Eran ellos?

c: - Sí. No van a venir a cenar.

d: - Se ha vuelto a poner los vaqueros, ¿verdad?

c: - Sí.

d: - ¿¡Por qué no coge los vaqueros dichosos y los tira de una vez!?

c: - Por que no son de ella, son de él.

"Abierta de par en par, la vida por unas páginas"


Sólo quise vivir la vida,
pero no toda de Golpe.



"(...) yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan."
-2- Presagios.

La Ley de la Conciencia

Empezamos a vivir -y a ser conscientes de ello- demasiado pronto.

Viaje a las Salinas

Estoy a merced del pacto
entre el lodo y el cielo.

Se quedarán sin aire los galeones
cuando atraquen en tierra yerma
los ladrones, que una vez me pidieron
el Sol, sin ser luz
ni ser fuego.

Recuento de penitencia

Una canción de fondo
Dos llamadas fortuitas
Tres bocas sin destino fijo
Cuatro noches empleadas
Cinco minutos por venir
Seis copas en la garganta
Siete canciones de fondo
Ocho de la mañana, hora española.

El Arte de Perder

En la torre de marfil de mi cama
los golpes no suenan, no duelen.
Como agujas indelebles del ruido,
los gemidos suplen al desamparo.

Arañan como dientes mi desnudez,
y permiten que almacene el dolor
de todos mis anzuelos fríos, que
me agrietan por dentro sin saberlo.

Y al final de los días, cada noche
el eco de las risas que me acechan
se cobija en mi regazo, protegido
por las misma sábanas que mi fe.

A lo mejor, no tenemos tantos lujos...

Todo lo que fui, y todo lo que busco.
Eran más de cien los jinetes del Apocalipsis,
y a pesar de ello me siento sólo, sin cigarros
ni razones.

Volver

Se acercó a la silla e hizo ademán de sentarse justo cuando anochecía por la ventana del fondo de la cocina. Nunca una puesta de sol le había emocionado de esa forma. Tanto como a las manzanas del frutero, que perdían el color a medida que el sol sucumbía al horizonte.
Terminaba su primera juventud con el cigarrillo a medias y la cabeza llena de pensamientos confusos por el color de aquel atardecer y todo lo que él conllevaba.
A la mañana siguiente el Sol no sería el mismo que el de ese Madrid que le había enseñada a creer que podía conquistar el mundo en un minuto. Y lo peor de todo es que no dejaba nada atrás, mas que las ganas de recuperar el tiempo perdido.
Cuando amaneciese en su nueva vida a bordo de un tren colonizado por desconocidos, que le recordaba a las aulas de su universidad el primer día del primer curso de su primera juventud, nunca volvería a tener la posibilidad de recuperar el tiempo desperdiciado en “hasta luegos” y otras memeces.

Pero la nueva ciudad traía pegado a su olor el deseo y la sal tenue de una mezcla de agua dulce y amarga – como sus recuerdos-.
Se cargó la maleta al hombro, como quien aúpa a un hijo una tarde de domingo viendo en él el futuro; y nada más poner un pie en la estación vació la bolsa de libros sobre un pañuelo ajado y colgó el cartel: “ Libros a 1 Euro”.

Después de ver pasar a infinidad de viajeros emocionados por su llegada a la ciudad, se dio cuenta de que el Sol se ponía de nuevo, y él seguía con los bolsillos vacíos, sin un lugar donde dormir y perdiendo el tiempo tratando de conquistar el mundo con su prosa.

-Por no haber, ya no había ni manzanas-.

Mi primera juventud, siempre fue la última


...y acabó donde empezaba.


No quiero escribir por venganza, pero a veces eso puede ser un buen motivo para tener una excusa y recordar cosas que querríamos olvidar todos -y todos se niegan-.

Y a veces, los fuegos no arden donde uno querría, pero al fin y al cabo son fuegos…y ¿quién soy yo para buscar una manguera, y hacer apagar algo?


Así y todo, tarde que no es y prisa que no tengo... hubo un momento para todo y ahora me queda lo bueno; y de lo malo me hago un bocadillo de patatas y alegría por lo que me queda.

Supongo.

El tiempo es tiempo; y lo demás, otra cosa...

Si tengo que robarle un minuto a mis días... cual mejor que este!?

La belleza del exceso tiene grietas


Y, después de todo, me duele el corazón...

Físicamente.

Tic-Tac

Apenas lograré esperar al futuro,
cuando el pasado me pida explicaciones.

Si el presente acepta mis disculpas
...estoy perdiendo el tiempo.

Nocturno creciente

Te cambié por otro en mis sueños,
como quien pide un verano más
para jugar al escondite en las sábanas,
y despierta con los pies desarropados.

Te perdí en ayunas esa noche
de zapato y corazón incómodo,
en la que me comía el mundo. Para
amanecer hambrienta de besos.

Te derroché en palabras mías
que avalaban cada paso nuestro.
Y madrugué abrazada a la certeza
de que sin ti no eran lo mismo.

Cancelé todas mis citas para hoy,
para olerte en cada ráfaga de viento,
y en la mañana fría, me di cuenta
de que ni siquiera sabía soñar.

Nos queda

El beso apoyado en la pared,
Calamaro versus Sabina.
El primer japonés y la cara de asco.
Películas y sábanas con anginas.
La foto más bonita del mundo,
y todas las demás.
Nada, besos de ron y saliva en ayunas,
el aire de todas las calles de Madrid.
El recuerdo de aquella persona que solía ser…
La misma camisa y el mismo sombrero.

Las edades de María (2ª Edad)

Amanecer con los ojos pegajosos, y poner los pies en el suelo que también lo está. Encender un cigarrillo y andar hacia el baño esquivando el desorden, mirarte al espejo y verlo en tus ojos.
Una ducha de agua y verdades sobre el cuerpo desnudo, como el alma. Vestirse con lo poco que queda limpio, mirar por la ventana y que la niebla cale en tu mirada hasta por la noche. Volver a pisar al suelo pegajoso antes de alzarse sobre unos tacones, esquivar con ellos el desorden y tratar de maquillarlo en los ojos. Otra noche en la que amanecer con los ojos pegajosos.

Después de un portazo...

Apagón en la casa,
te vas y me pierdo.

Y tengo, luz verde para
el dolor más oscuro.

Salir perdiendo

Porque el amor es un duelo, que uno no empieza si no está seguro de su victoria.
Por eso, al final, todos salimos perdiendo.

Personalidad adictiva

De personalidad adictiva mi mirada
que a la sombra del Metro se cobija,
ajada por la vida transitoria que alberga,
distraida por noches, palabras y ceniza.

En el alma donde mis fantasmas navegan
quebré, a besos, las velas soplándole al viento.
Callaba a ratos el mundo, torcía el destino su sonrisa
mientras el tiempo escribía la historia a mordiscos.