Nocturno creciente

Te cambié por otro en mis sueños,
como quien pide un verano más
para jugar al escondite en las sábanas,
y despierta con los pies desarropados.

Te perdí en ayunas esa noche
de zapato y corazón incómodo,
en la que me comía el mundo. Para
amanecer hambrienta de besos.

Te derroché en palabras mías
que avalaban cada paso nuestro.
Y madrugué abrazada a la certeza
de que sin ti no eran lo mismo.

Cancelé todas mis citas para hoy,
para olerte en cada ráfaga de viento,
y en la mañana fría, me di cuenta
de que ni siquiera sabía soñar.