Mi primera juventud, siempre fue la última


...y acabó donde empezaba.


No quiero escribir por venganza, pero a veces eso puede ser un buen motivo para tener una excusa y recordar cosas que querríamos olvidar todos -y todos se niegan-.

Y a veces, los fuegos no arden donde uno querría, pero al fin y al cabo son fuegos…y ¿quién soy yo para buscar una manguera, y hacer apagar algo?


Así y todo, tarde que no es y prisa que no tengo... hubo un momento para todo y ahora me queda lo bueno; y de lo malo me hago un bocadillo de patatas y alegría por lo que me queda.

Supongo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Acaríciame en queroseno
y enciéndeme con un beso,
deja que me prenda,
que el fuego haga crujir mi carne,
que me deshaga en cenizas
y me barran de la acera
con los primeros rayos del alba.

María Crespo dijo...
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