Volver

Se acercó a la silla e hizo ademán de sentarse justo cuando anochecía por la ventana del fondo de la cocina. Nunca una puesta de sol le había emocionado de esa forma. Tanto como a las manzanas del frutero, que perdían el color a medida que el sol sucumbía al horizonte.
Terminaba su primera juventud con el cigarrillo a medias y la cabeza llena de pensamientos confusos por el color de aquel atardecer y todo lo que él conllevaba.
A la mañana siguiente el Sol no sería el mismo que el de ese Madrid que le había enseñada a creer que podía conquistar el mundo en un minuto. Y lo peor de todo es que no dejaba nada atrás, mas que las ganas de recuperar el tiempo perdido.
Cuando amaneciese en su nueva vida a bordo de un tren colonizado por desconocidos, que le recordaba a las aulas de su universidad el primer día del primer curso de su primera juventud, nunca volvería a tener la posibilidad de recuperar el tiempo desperdiciado en “hasta luegos” y otras memeces.

Pero la nueva ciudad traía pegado a su olor el deseo y la sal tenue de una mezcla de agua dulce y amarga – como sus recuerdos-.
Se cargó la maleta al hombro, como quien aúpa a un hijo una tarde de domingo viendo en él el futuro; y nada más poner un pie en la estación vació la bolsa de libros sobre un pañuelo ajado y colgó el cartel: “ Libros a 1 Euro”.

Después de ver pasar a infinidad de viajeros emocionados por su llegada a la ciudad, se dio cuenta de que el Sol se ponía de nuevo, y él seguía con los bolsillos vacíos, sin un lugar donde dormir y perdiendo el tiempo tratando de conquistar el mundo con su prosa.

-Por no haber, ya no había ni manzanas-.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En mi ciudad
por las noches
no hay luces de neón,
ni limusinas, ni músicos ambulantes.

En mi ciudad
por las noches
solo hay prostitutas deformes,
titiriteros sin muñecas de trapo,
yonkies que se balancean,
almas sin dueño.

En mi ciudad
por las noches
no hay sueños felices,
ni alfombras rojas, ni flashes.

En mi ciudad
por las noches
solo hay dedos acusadores,
pervertidos en las esquinas,
niños que juegan con drogas,
sonidos de sirenas
que atraen a la multitud que se agolpa
por ver un cadaver.

En mi ciudad
por las noches
hay amantes sin cobijo,
hogares sin amor,
portazos y gritos,
sueños rotos
como botellas que estallan en el suelo
lanzadas por borrachos desde algún viejo balcón sin barandilla.

En mi ciudad
por las noches
no se duerme
y no siempre es posible despertar.

Anónimo dijo...

1+1

Peregrinas mis orillas
con tus manos. Después
duermes, y de repente
tus pies rozan los míos,
palpo: dos pies,
cuatro pies; exacto.

Muy bueno.. lo tenias escondido en la red de redes..