Viajes a ninguna parte

Cuando voy en el metro, miro a los hombres y me imagino cómo sería tener una relación con cada uno de ellos. Los examino con detenimiento y tengo fantasías de vida cotidiana con ellos.
Pero al final, ninguno me convence.

Síntesis

Con dos palabras te hago un mundo, con tu silencio el abismo.

Dijo que se terminó y nunca volvió a llamar, a casa.

No me gusta hacerme promesas a mi misma, por que siempre acabo decepcionándome.

Crees que estás cambiando, y lo único que ocurre es que estás conciéndote mejor.

Hoy va a haber tormenta, pero eso el mundo aún no lo sabe.

- Siento llegar tarde. ?Llevas mucho tiempo esperándome? - Toda la vida.

Me besó, y no hice nada para impedirlo.

Todo se resume; a medida que pasa el tiempo.

El paseo de la vegüenza

Hay cosas que se piensan y nunca deberían decirse.
Después de una hora de vagar por la ciudad inmersa en la conversación que acababa de mantener llegó a esa conclusión. No sin antes haberse gastado el último euro que le quedaba en el café aguado del bar de debajo de casa de Pedro.
No quería volver a casa aún y alargó el paseo de la vegüenza pasando de largo la parada de metro. Pretendía llegar andando a la otra punta de la ciudad.
Tenía los pies destrozados por los tacones, una mirada interrogante asomando sobre las ojeras y el móvil sin batería; per aunque hubiese estado cargado no sonaría.

Recordó el vestido rojo y se preguntó dónde habría terminado. Seguramente en alguna de las cajas que tenía repartidas por todo el país, junto con los zapatos de bailar y los primeros apuntes de la facultad de Medicina.

Tenía ganas de llorar, pero no consiguió hacerlo. Se tragó el llanto en un suspiro atado al humo de un cigarrillo light.

Nunca llegó a casa, pero es tampoco es importante. No había nadie esperándola. La última vez que la vieron subía a la tercera planta del Corte Inglés, con una sonrisa sumisa y la certeza de que nunca iba a encontrar lo que había salido a buscar todas las noches desde que llegó en barco aquella tarde de Abril.

Cronología

Me dieron las herramientas para construir una vida.
Y moriré sin haber encontrado el manual de instrucciones.

Las pocas cosas que sé

Sé que no me cuidaréis si enfermo.
Que no lloraréis por mí.
Que no me abrazaréis en las noches frías.
ni pensaréis en mí al despertar.

Sé que no queréis saber qué me ocurre.
Que no me animaréis cuando esté triste.
Que no me salvaréis de los problemas,
ni me preguntaréis cómo me encuentro.

Sé que no soy vuestro problema.
Que no correréis en mi busca.
Que no perderéis ni un asalto,
ni querréis que os consuele.

Sé que no ocuparé vuestros días.
Que no congelaréis los instantes.
Que no me pediréis explicaciones,
ni sueños, ni canciones, ni futuros.

un placer hacer negocios contigo

Hola desconocido.

Hueles a pan caliente de domingo por la tarde. Tengo la razón vencida y las llaves de mi casa agitándose en el bolso.
Te cambio una noche entera por treinta caricias y un nombre de pila.



Acepto la contraoferta, una inicial y tres orgasmos.
Trato justo.