Aún recuerdo cuando la mayor preocupación que me turbaba era tener que ver los interminables anuncios en mitad de la escena final de una película romántica.
Esa incertidumbre de no saber si tras la despedida de los protagonistas alguno se iba a girar para ver al otro alejarse. Siempre he creido que si eso no ocurre toda la la película no vale la pena: el amor es fingido (dentro de lo que cabe esperar).
A día de hoy, yo sólo me he girado una vez tras una despedida. Y, como cuando irrumpían los anuncios, la incertidumbre de saber si se giró; me turba más que nunca.
Pero Coca-cola me dice: estás aquí para ser feliz.
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