Ejercicio de conciencia.

Tengo cierta sensación de ser apátrida, y no me importa.
Mis padres me producen respeto y admiración a partes iguales.
En muchas ocasiones me cuesta escuchar pero no se me nota.
El dolor físico es primero siempre emocional y viceversa.
Mis fallos de memoria a veces son consecuencia de falta de interés y eso me preocupa.
Considero que la inteligencia no está siempre en los libros.
Adoro dormir, sobretodo por la mañana, antes de empezar a pensar.
Me cuesta tomar partido en cualquier situación o discusión.
Pienso mucho en cómo hacer las cosas y termino por no hacer nada.
Aprendo de mis errores más que de mis aciertos pero prefiero los segundos.
Reconozco cuando he perdido la razón en mis argumentos.
Prefiero las cosas eficaces a las perfectas.
El cielo y el infierno, a día de hoy, no me preocupan .
Me resulta muy fácil ponerme racionalmente en el lugar del otro, pero no emocionalmente.
Puedo renegar públicamente de una idea si eso hace feliz a alguien a quien quiero.
Cuando tengo razón soy capaz de callarme pero no cambiaré de opinión.
Construyo mentiras para mi misma y me las creo, sin necesidad de que nadie intervenga.
Diferencio bien lo correcto de lo incorrecto, pero no siempre hago lo primero.
Me puede la pereza, más de lo que me gusta reconocer.
Me evado facilmente de las cosas que me disgustan o quiero superar.
Me gustaría creer a pies juntillas la afirmación anterior.

Creo que gritar nunca ha hecho más sensato a nadie.
El llanto a veces traiciona a quien llora y otras a quien sufre por ver llorar.
La vida siempre me ha parecido una cuestión de prioridades.
No es fácil definir esas prioridades cuando quieres mucho.
He querido irme para no volver, y siempre me han gustado los reencuentros.
Hoy sé que no todo es lo que parece, ni todo lo que parece es.
Guardar las formas es muy importante para todo en la vida.
Sé donde están mis puntos débiles anímicos y por ello puedo evitarlos habitualmente.
Vivo en función de mis posibilidades, a diversos niveles.
Tengo muy muy claro de donde vengo y serias dudas sobre a donde voy.
Sé que no tengo que decidir ahora mi rumbo, pero sería un adelanto.
Pospongo pensamientos que me preocupan esperando a que se resuelvan solos.
Hasta el dia de hoy, no me ha ido mal (en los mismos "diversos niveles").
Confío demasiado en la conjunción de la suerte y mi capacidad.
Creo que manejo los hilos de cosas que a lo mejor escapan a mi comprensión.
Nadie se libra de sentirse superado por las circunstancias, pero lo he aprendido tarde.
Soy bastante cobarde (no releeré esta linea para no caer en la tentación de borrarla).
Prefiero no contar con nadie a necesitar contar con muchos.
Me cuesta muchísimo perder el control, pero si lo pierdo me cuesta aún más recuperarlo.
Me resulta muy fácil pedir perdón, a veces demasiado.
Para mi pensar y reflexionar no es lo mismo.
Me considero una persona de carácter amable pero no cercano.
No me molestan detalles que a otras personas indignan sobremanera.
Por cómo me consideran los demás no me preocupa cómo me consideren.
Cuando alguien no me cae bien no tiene ningún motivo para ser mi tema de conversación.
Sólo pido permiso cuando sé que me lo van a dar.
Sempre me han enseñado que la envidia sana no existe y por ello procuro no sentirla.
A veces busco motivos para sentirme triste, y lo triste es que los encuentro.
La tristeza nunca aporta nada, de la melancolía sí he aprendido.
En ocasiones hablo demasiado para evitar hablar de más.
No considero el silencio una derrota o una renuncia.
Creo en mis virtudes, sobretodo en la de ser consciente de mis defectos.
Las personas no pueden decepcionarte si no tienes expectativas sobre ellas.
Nunca he hecho las cosas con mala fe pero, al cabo del tiempo, entiendo que algunas aparenten lo contrario.
Preferiría que la gente pudiese leer mi pensamiento en lugar de ser yo quien se lo leyera a ellos.
Creo firmemente en mis capacidades pero prefiero no ponerlas a prueba.
Puedo ser transparente sabiendo que no lo estoy siendo.
Soy muy vaga para actuar pero nunca para relfexionar.
Me gustaría conocerme mejor para saber con que armas cuento para afrontar el futuro.

Quiero abrazar con el corazón a las personas de mi entorno que lo están pasando mal.

4 comentarios:

Crematoria dijo...

La inteligencia NUNCA está en los libros, sino en el lector.

Lucía Pita dijo...

Comparto y suscribo casi al 100% todo lo que tú dices, como si fuese sobre mí. Un biquiño María.

Fron dijo...

Fiel a la lectura...

Ya era hora.

Fron dijo...

;)

Se me olvidaba el guiño. xD