Arrieritos somos...

Piensa el caminante en marcar el camino
por si, alguna vez, retrocede en su trazo.
Marca las esquinas con sonrisas,
las cuestas y valles con alguna lágrima.

En las bifurcaciones lucha con la duda
y sella su paso con fortuita osadía.
No mira hacia atrás mientras le queden rúbricas,
templa su empuje frente a vientos gélidos.

Piensa el caminante mientras sigue la senda
que, de volver atrás, desandando recuerdos,
no quedarán sonrisas, lágrimas o abrazos
más que los envejecidos por su propio paso.

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