La euforia salvaje en racimos
de melenas alborotadas, espesas.
Y tirones traidores, enfermos de
ansia y cadencia.
Gutural el discurso, puerta de la
velada abierta, de la noche.
Uno es piel otro la carne,
de una ciruela madura.
El deseo era un Dios.
Su esatatua se ahogaba
en los mares del no.
Aurora Luque
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