Rotos

¿Qué hacemos con tanta pena?
Si ya no cabe en las maletas.







¿Todo pasa en Barcelona?

 
Tienes clima de amable y un calendario a la par
yo vengo que de pasar hambre. Hambre de sol y de mar.

Jóvenes, viejos y algún difunto

Hubo un tiempo en que el verso
era fluido entre mis letras.
Amable y seductor, las sentí eternas.
Capaz de arrancar a andar con cualquier risa.
Trotando alegre, halagado y sin prisa.

Cuando el tambor del pecho era profano,
y mis pancartas las frases de algún extraño.
Parece ayer cuando la vida aún era
la plaza donde te encontré esa primavera.

Fue por entonces cuando me rindieron cuentas
los reyes de los fuertes y alguna estrella.
Abatir los días era un insulto, que jóvenes y viejos,
y algún difunto, proclamaban al tiempo, ya voz en grito:
“Tenéis que alzar la vista, volar más alto”
y el cielo, de repente, eran tus manos.

Ya no quiero saber hasta qué punto
puede llevarme, atada, este presunto
caballo de batalla que aún hoy cabalgo.
Cuando llegué al final, pasé de largo.

Y ahora que he alcanzado el vuelo
que otros miran. No puedo ver la luz,
ni el brillo azul de nubes y avenidas.
Jóvenes y viejos, y algún difunto
alzan la vista al cielo y me preguntan
si de verdad he olvidado que tú me miras.

Terroncito


Fuera de línea, cabecera,
de inimitables bostezos airada,
la sangre caliente que escapa
escapaba, estrenada, latente.

Que no cierran hoy las manos
muertas inertes vacías, las tuyas.
No buscan calientes la fiera,
cayeron atadas, tardías.

Perfecto. Castro. Antigualla,
cocina y batalla en mi oído.
Querías muy pocos problemas,
me diste los que traías.

Vulgaria



Cavar hondo, calar.
Calar hondo y clavar
ahí donde clama la calma,
el alma cabalga.
Camina. 

Dublin

 
Quiero escribir un poema para decir
que, a veces, el tiempo no pasa.
Y que otras, no pasa nada.
Que correr mucho no lleva más lejos.
O puede que sí, pero más cansado
y sin saber bien por donde.

Quiero escribir un poema para describir
el sol y el camino. La lluvia, el trayecto.
Las caras y palabras de la gente,
las horas de miedo y audacia.
Y no lo hago.

Quiero leer el poema para escuchar
los abrazos que he traído, y los besos.
Para ponerlos en alto y que no se me olviden,
para verterlos por esta ciudad,
que aún no es la mía.