No sale nada de mis ojos,
ya no preguntan mis miradas,
ahora son piedras brillantes
colocadas en mis parpados.
Doloroso sentirse inerte,
doloroso sentirse dura y firme
como la madera.
Resuena el eco en mi pecho,
esta vacío de rencor y rabia
pero también de amor o cariño.
Cada palabra tuya resbala por
dentro de mi cuerpo hueco y
cae al suelo aplastándose contra
la tierra que me sostiene aún de pie
frente al espejo de mis crueldades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario