Plantación

A mis ramas les duelen mis raíces.





No hay camino

Pero ha encontrado el andar,
y va dejando cadáveres de amor
por la escalera.

Atrezo

Un día cayó el verano,
como un telón sobre las tablas.
Y nos dejó inmaduros y
destemplados, tiritando.

Ahora vendrán las lluvias,
y el reposar sobre los lodos.
Cierra la sala cuando te vayas.
Ya queda menos para la hoguera.

Rotos

¿Qué hacemos con tanta pena?
Si ya no cabe en las maletas.







¿Todo pasa en Barcelona?

 
Tienes clima de amable y un calendario a la par
yo vengo que de pasar hambre. Hambre de sol y de mar.

Jóvenes, viejos y algún difunto

Hubo un tiempo en que el verso
era fluido entre mis letras.
Amable y seductor, las sentí eternas.
Capaz de arrancar a andar con cualquier risa.
Trotando alegre, halagado y sin prisa.

Cuando el tambor del pecho era profano,
y mis pancartas las frases de algún extraño.
Parece ayer cuando la vida aún era
la plaza donde te encontré esa primavera.

Fue por entonces cuando me rindieron cuentas
los reyes de los fuertes y alguna estrella.
Abatir los días era un insulto, que jóvenes y viejos,
y algún difunto, proclamaban al tiempo, ya voz en grito:
“Tenéis que alzar la vista, volar más alto”
y el cielo, de repente, eran tus manos.

Ya no quiero saber hasta qué punto
puede llevarme, atada, este presunto
caballo de batalla que aún hoy cabalgo.
Cuando llegué al final, pasé de largo.

Y ahora que he alcanzado el vuelo
que otros miran. No puedo ver la luz,
ni el brillo azul de nubes y avenidas.
Jóvenes y viejos, y algún difunto
alzan la vista al cielo y me preguntan
si de verdad he olvidado que tú me miras.

Terroncito


Fuera de línea, cabecera,
de inimitables bostezos airada,
la sangre caliente que escapa
escapaba, estrenada, latente.

Que no cierran hoy las manos
muertas inertes vacías, las tuyas.
No buscan calientes la fiera,
cayeron atadas, tardías.

Perfecto. Castro. Antigualla,
cocina y batalla en mi oído.
Querías muy pocos problemas,
me diste los que traías.

Vulgaria



Cavar hondo, calar.
Calar hondo y clavar
ahí donde clama la calma,
el alma cabalga.
Camina. 

Dublin

 
Quiero escribir un poema para decir
que, a veces, el tiempo no pasa.
Y que otras, no pasa nada.
Que correr mucho no lleva más lejos.
O puede que sí, pero más cansado
y sin saber bien por donde.

Quiero escribir un poema para describir
el sol y el camino. La lluvia, el trayecto.
Las caras y palabras de la gente,
las horas de miedo y audacia.
Y no lo hago.

Quiero leer el poema para escuchar
los abrazos que he traído, y los besos.
Para ponerlos en alto y que no se me olviden,
para verterlos por esta ciudad,
que aún no es la mía.

Poemas para la (R)evolución

I.

Esto va de luz. De luz que atestigua
el cambio de un mundo que es nuestro,
y nos habíais quitado. Y es nuestro.
Habitamos sus calles con el alma
ergida y fuerte. Orgullosa.


Estamos creciendo como hiedra,
ahondando las raíces en sus sienes,
abonándola con sueños y Sol.
Nuestra es la luz, vuestro el ocaso.

II.

Nuestro paso al frente
se ha convertido en la zancadilla
que muchos necesitaban.


III.

Queremos el alma que comprasteis de saldo,
cuando no sabíamos que éramos tantos.

IV.

Por fin, hemos construido el buzón,
en el que caben las cartas escritas
en cualquier dirección,
por cualquier remitente.
Y llegarán a su destino,
porque no necesitan sello.




Tranquilo. No estás loco...

... sólo eres una voz en mi cabeza.


"No hay que tocar a los ídolos; su dorado se nos queda en las manos."
Madame Bovary. Gustave Flaubert

Escribir con limón

Este poema no es nuevo.
Nació de otro poema que leí
cuando las risas eran altas
y las madres la verdad absoluta.

Quiso titularse, cabizbajo,
a carrillos llenos,
con muchas letras.

Estrofeó algunos días,
enlazando rayos de sol y
sábanas atadas a ventanas
negras, como las noches
que versaba linea a linea.

Este poema es soplar al viento,
gritar al ruido,
mecer el mar.

Terminó antes del verso.
Este poema no es nuevo,
por que nunca se ha escrito.



"-No está loco rematado- dijo G***-; pero es un poeta, por lo cual, para mi, se halla muy cerca de la locura."
La Carta Robada. Edgar Allan Poe

Suave

Es la palabra que hay que decir más bajito.

Silbando la ese,

besando, suave, la v;

estirando la e.

Viaje al centro de la Tierra

Puede que viajar al centro de la tierra sea del todo emocionante. Pero a mi me parece aún más atrevido regresar.

Cuesta arriba, dejando atrás el descubirmiento y como único destino la superficie ya conocida.

¿Quién querría volver?

Si por mi fuese... viajaría al centro de la tierra y no regresaría.

El ruido del arbol caido

La solitud de este acorde de Chopin
delata a mi calle la tristeza de una
ventana encendida para amarte.
No se si puedo esperar más.
No se si puedo esperarme
esperándote.

¡Dios mio! es algo tan liso una vida, es nítido, cuando todo va bien se desliza fácilmente. Y basta con un tropiezo. Se decubre que es opaca, que no se sabe nada de nadie, ni de sí mismo ni de los otros: lo que son, lo que piensan, lo que hacen, cómo nos ven.
La mujer rota. Simone de Beauvoir

Frigopoesía

Dónde pongo el corazón abro el infierno.

Escenas de Hospital

Cuando te miran con el brillo de los ojos encendido en compasión y tu no posees más información que sus soslayos... sabes que hay algo que no sabes.

Os oigo murmurar.

Esperaré el momento adecuado

Esperaré con los termómetros que presiden calles,
con un vaso de granizado y las uñas recién pintadas.

Esperaré a que amaine la tormenta, el tormento,
esperaré de pie junto a la boca, de metro.

Esperaré a que te acerque la marea, como una ola
que espera que la atrapen, como una luciérnaga.

Esperaré escribiendo las palabras que decir,
repitiéndolas y borrándolas al viento de occidente.

Esperaré para abrazarte, para ignorarte, para el Arte,
Esperaré para volver a cagarla, como siempre.

Todos los espejos tienen su aquel

Yo también tengo una amiga que todas las noches se acuesta pensando en el resto de su vida. Le gusta la que tiene pero se pregunta si hay alguna mejor guardada para ella entre biografías de cantantes, historias de películas y reversos de libros.

Yo suelo aconsejarle que piense en su familia, en sus amigos en lo afortunada que es por ser quién es y la capadad que tiene de salir adelante un día tras otro. Ella pone cara rara y enumera las cosas que hacen feliz al resto y que ella no tiene o le han quitado.

Nunca llora, porque "eso no solucionaría nada". Muchas veces mira al vacío y no dice nada y yo me pregunto qué estará pensando...

"Dios aprieta pero no ahoga, aunque las cicatrices de la soga son mas visibles en unos que en otros". Sentencia a menudo.

¿Desde cuando te has vuelto tan filosófica, amiga? En cuestión de penas lo mismo dan 5 que 25, te lo digo yo.

Baja la vista, amaga una sonrisa...¿has dicho cinco?

Saltar o caer

Pensé en hacerme un barco y echarme a la mar,
en construir un fuerte de mazorcas y otros hierbajos,
quería una libreta en blanco para escribir cosas
bonitas.

Compraba sellos sin tener a quién mandárselos
presidiendo un sobre impoluto continente de esperanza.
América el sueño dorado por el sol. Nunca me pondré morena.
Se me pega el acento gallego y creo haber viajado a la luna.
Pero estaba en casa, dibujando rayuelas en el porche,
cambiando el agua a mi perro. Sonreía.

Saltar o caer, o ambas. Quién sabe...

Aguaje sin almadía

Ecribir en el mar con remo fuerte
al ir y venir de la corriente,
empuñar a tientas fortaleza
que promete calma al horizonte.

Galera de fe equipada empuja
un mástil a pecho descubierto.
Zarpazos de espuma da la suerte;
agrieta el casco y la cabeza.

De amarre y pie esta incertidumbre,
la quilla guiñada al oleaje.
Embiste por doquier una certeza:
bravucona e infame aborda la muerte.

"Cada silencioso adorador parecía haberse sentado a propósito a parte de los demás, como si cada dolor silencioso fuese insular e incomunicable.
"


Moby Dick.Herman Melville.
La calle es más calle en invierno.
El calor lleva a equívocos. Todo parece demasiado nuestro.

Un fragmento

La única prueba en contrario era la protesta muda de la carne y los huesos, la instintiva sensación de que las condiciones de vida eran intolerables y que en otro tiempo tenían que haber sido diferentes.


1984. George Orwell

Salvaje

La euforia salvaje en racimos
de melenas alborotadas, espesas.
Y tirones traidores, enfermos de
ansia y cadencia.

Gutural el discurso, puerta de la
velada abierta, de la noche.
Uno es piel otro la carne,
de una ciruela madura.




El deseo era un Dios.
Su esatatua se ahogaba
en los mares del no.


Aurora Luque

Estaciones

Haces otoño de mis libros, y
yo ordeno el invierno en bibliotecas.

Ya no me hojeas.

La mujer armada

Los días aquí enternecen el alma
antes alada y vagabunda.

El sopor anaranjado de la siesta
y las caricias de viva voz, pesada.
Saben los rincones a vino y leña,
a trigo y vid madura.

Las paredes hacen casas,
las personas hogares.

Cosas que he aprendido hoy

Si haces las cosas mal, saldrán mal.

No sé si tengo derecho a quejarme, mi opinión varía en función de la referencia que me ponga.

El recurso de pensar que debe haber personas hipotéticas que lo pasán peor que uno no consuela, empuja a seguir adelante, pero no consuela.

Hay personas malas por naturaleza, y personas buenas por consenso.

Si haces las cosas bien, pueden salir mal.



Uno se endurece por partes, se pudre en otras, jamás se madura.

Sainte-Beuve

Home cinema, home.

Dicen que segundos antes de morir
ves pasar toda tu vida ante tus ojos
como imágenes de una película.

A mi me va a tocar verla en Screener.
Seguro.

Desvirtual

Lo perdía todo, entre aquí y allí.
Nunca tuvo nada.

La riqueza de pensamientos
que le evocaban las cosas.
Nunca tocó ninguna.

Su patrimonio se componía
de sensaciones abstractas de
las cosas de otros.

Nunca poseyó ninguna.
Catalogó las sensaciones
por latidos.

No podía perderlos.

Arrieritos somos...

Piensa el caminante en marcar el camino
por si, alguna vez, retrocede en su trazo.
Marca las esquinas con sonrisas,
las cuestas y valles con alguna lágrima.

En las bifurcaciones lucha con la duda
y sella su paso con fortuita osadía.
No mira hacia atrás mientras le queden rúbricas,
templa su empuje frente a vientos gélidos.

Piensa el caminante mientras sigue la senda
que, de volver atrás, desandando recuerdos,
no quedarán sonrisas, lágrimas o abrazos
más que los envejecidos por su propio paso.

Tiras cómicas

Caballero blanco de tronada armadura,
fustiga a menudo mundana esperanza.
Pasajero del tiempo abrazado a manillas,
que empuja soberbio las risas al alba.

Capitán anémico de historieta breve,
personaje atento de escenario ténue.
Fiebre en primavera, calor en verano
nunca ofrece más que lo inesperado.

Frases para terminar una discusion (para quien las tenga)

- Hay muchas cosas difíciles de afrontar en la vida; pero tú... No eres una de ellas.

- Iré algo más lejos incluso. Pero, dándote la espalda.

- ¿Sabes? Es más lo que puedo ahorrarme en escucharte que lo que tengo que decir.

- Todo eso... ponlo por escrito.

- Perdona ¿tu eres...?

- Si tienes mucho interés te lo explico; pero... no creo que lo entiendas.

- No me gusta discutir.

- Tienes toda la razón. Quédatela.

Amores eternos

Miedo y Angustia se conocieron
una tarde cualquiera,
hace muchísimo tiempo.

Y, desde entonces, se
compenetran tanto,
que nadie es capaz
de conocerlos
por
separado.

Estaba escrito

La vida se intensifica y, llena de si misma,
toca un punto mas allá del cual no llegaría
sin romperse.



Luis Cernuda

Las vueltas que da la vida

Girada en el sofá veía el techo,
que yo imaginaba suelo de una nueva casa;
con los pies en alto descubría
recovecos de esperanza entre las vigas.

Entonces no necesitaba más que
el deseo de descubrir las cosas
desde otra perspectiva. No le resultó
difícil a la vida conseguir
que lo olvidara.

Pero, pasado el tiempo, recordar
el techo por el que anduve levitando;
hoy me permite la ilusión de
pensar que…

La misma tempestad, dada la vuelta,
nutre las nubes enfadadas.
La misma eternidad, dada la vuelta,
no podría empezar nunca.

La misma realidad, dada la vuelta
ayuda a ver crecer los anhelos
que contenía antaño mi cabeza,
cansada hoy de darle vueltas.


Se puede sobrevivir a la pena,
si la acribillas a sonrisas.

Todo va a salir bien (II)

Por que todo esfuerzo tiene recompensa,
y la bondad es justicia en si misma.

Hoja de reclamaciones

Quiero reclamar por el mal trato recibido por su parte. Por los duros reproches y posteriores perdones. Por haber alargado mi conciencia sin motivos y acapararla. Por hacerme sentir errada sin estarlo. Por inventarse enemigos y exponerme a ellos. Por inocularme su angustia. Por intentar convertirme en su verdugo. Por ofenderme con motivos ficticios. Por hacerme culpable de su tristeza y reprocharmelo tanto que se ha convertido en mia propia. Por que no tiene derecho a humillarme, por que ya no tiene por qué tenerme en mente. Por que tengo ciertos derechos que me niega. Por que no encuentra motivos para odiarme e intenta que yo misma me odie. Por querer hacerme responsable de sus fustraciones. Por hacerme creer que nunca podré dejar de pedir perdón. Por hacerme creer que alguna vez debí pedirlo.

Piedras en el camino

He tirado las piedras
bajo las que te escondes.

Evitando traspiés.

"¿Cuánto hay que dejar de ser para ser?"
A. Jodorowsky

Para renegantes

Si quieres puedes perder la fe en la humanidad,
pero ello no impedirá que ella siga contando contigo.

Al calor del amor en un bar

No necesito una excusa para salir y beber.
Necesito salir y beber para tener una excusa.

Puntual y fiel. No tan cabal.

Peregrinas mis orillas
con tus manos. Después
duermes. De repente
tus pies rozan los míos,
palpo: dos pies,
cuatro pies; exacto.

Las otras Valquirias

Capitaneaste la huida, amazona,
bajo el sombrero rojo de coraje
asiendo a grandes saltos la memoria,
espuela de una desconocida.

Brava la fiera duda cabalgaste
señalando con el dedo al miedo.
Predecías embestidas que llegaron,
gobernaste con cordura las riendas.

La arena te domesticaba a ratos
el viento te escocía entre las manos.
Quisieron arrancarte la montura
en algún lugar remoto, en algún lugar de paso.

Y en tu empeño de alcanzar
el horizonte, con sonrisa ufana,
no dejaste huella sobre piedra.
Te quedaste en medio de la nada.

Carta a los Reyes Magos (aka "Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy")

A sus Majestades de Oriente,

Este año sólo pido que las cosas salgan bien. No tener que preguntarle a la vida por qué ha elegido ese camino. Que cada día algo me recuerde las cosas buenas que existen. Y, sobre todo, seguir queriendo aprender a pedir un abrazo.

Con cariño,
María

Eureka

Somos todas esas historias bonitas que nos imaginamos, nocturnas y callejeras. Somos esas tardes tontas de risas y césped. Las llaves de lata y chino. Las miradas en el metro, la compasión que arrancamos a los extraños. Y, sobretodo, somos la vida que vivimos. Cabalgada de deseo en deseo, a pasos largos y jadeantes. Somos la carne en el asador y el cigarrillo del café. Y las mañanas de trabajo y las de cama.
Somos nosotros en los vuelos nacionales, y cuando pasamos la aspiradora. Somos el sabor de las cosas, las notas de un piano. A veces, si hay suerte, sus teclas. Somos alegría y pan, el rojo en los semáforos y en las medias. Somos todas las niñas que llevan coletas. Somos dinero e idiomas, trozos de papel en el suelo de clase. Somos un cuadro al óleo, un perfume que usan millones de personas. La papeleta electoral,y las demás papeletas. Somos las nueces que añadimos a la ensalada. Somos una elección y muchas obligaciones. Somos el nombre de nuestra mascota, esa imagen de nuestro futuro que nos oprime. Somos el pijama que usamos y la música que reproduce el ordenador. Somos calor y zumo de piña en domingo. Somos nuestros abuelos. Somos un poemario al gusto. Todas las cosas que escribimos en las cartas a los Reyes Magos. Somos pasión, el ombligo y otras cicatrices. Somos nuestros errores. La frase que usamos para ligar, pespuntes y pintalabios. Somos expectativas hiladas por memorias.

Somos todas las cosas que he olvidado escribir.

Tú nunca has sido mujer esperando el metro de madrugada

Siempre se te puede ir el Santo al Cielo,
o el Pecador al Horizonte.

Ejercicio de conciencia.

Tengo cierta sensación de ser apátrida, y no me importa.
Mis padres me producen respeto y admiración a partes iguales.
En muchas ocasiones me cuesta escuchar pero no se me nota.
El dolor físico es primero siempre emocional y viceversa.
Mis fallos de memoria a veces son consecuencia de falta de interés y eso me preocupa.
Considero que la inteligencia no está siempre en los libros.
Adoro dormir, sobretodo por la mañana, antes de empezar a pensar.
Me cuesta tomar partido en cualquier situación o discusión.
Pienso mucho en cómo hacer las cosas y termino por no hacer nada.
Aprendo de mis errores más que de mis aciertos pero prefiero los segundos.
Reconozco cuando he perdido la razón en mis argumentos.
Prefiero las cosas eficaces a las perfectas.
El cielo y el infierno, a día de hoy, no me preocupan .
Me resulta muy fácil ponerme racionalmente en el lugar del otro, pero no emocionalmente.
Puedo renegar públicamente de una idea si eso hace feliz a alguien a quien quiero.
Cuando tengo razón soy capaz de callarme pero no cambiaré de opinión.
Construyo mentiras para mi misma y me las creo, sin necesidad de que nadie intervenga.
Diferencio bien lo correcto de lo incorrecto, pero no siempre hago lo primero.
Me puede la pereza, más de lo que me gusta reconocer.
Me evado facilmente de las cosas que me disgustan o quiero superar.
Me gustaría creer a pies juntillas la afirmación anterior.

Creo que gritar nunca ha hecho más sensato a nadie.
El llanto a veces traiciona a quien llora y otras a quien sufre por ver llorar.
La vida siempre me ha parecido una cuestión de prioridades.
No es fácil definir esas prioridades cuando quieres mucho.
He querido irme para no volver, y siempre me han gustado los reencuentros.
Hoy sé que no todo es lo que parece, ni todo lo que parece es.
Guardar las formas es muy importante para todo en la vida.
Sé donde están mis puntos débiles anímicos y por ello puedo evitarlos habitualmente.
Vivo en función de mis posibilidades, a diversos niveles.
Tengo muy muy claro de donde vengo y serias dudas sobre a donde voy.
Sé que no tengo que decidir ahora mi rumbo, pero sería un adelanto.
Pospongo pensamientos que me preocupan esperando a que se resuelvan solos.
Hasta el dia de hoy, no me ha ido mal (en los mismos "diversos niveles").
Confío demasiado en la conjunción de la suerte y mi capacidad.
Creo que manejo los hilos de cosas que a lo mejor escapan a mi comprensión.
Nadie se libra de sentirse superado por las circunstancias, pero lo he aprendido tarde.
Soy bastante cobarde (no releeré esta linea para no caer en la tentación de borrarla).
Prefiero no contar con nadie a necesitar contar con muchos.
Me cuesta muchísimo perder el control, pero si lo pierdo me cuesta aún más recuperarlo.
Me resulta muy fácil pedir perdón, a veces demasiado.
Para mi pensar y reflexionar no es lo mismo.
Me considero una persona de carácter amable pero no cercano.
No me molestan detalles que a otras personas indignan sobremanera.
Por cómo me consideran los demás no me preocupa cómo me consideren.
Cuando alguien no me cae bien no tiene ningún motivo para ser mi tema de conversación.
Sólo pido permiso cuando sé que me lo van a dar.
Sempre me han enseñado que la envidia sana no existe y por ello procuro no sentirla.
A veces busco motivos para sentirme triste, y lo triste es que los encuentro.
La tristeza nunca aporta nada, de la melancolía sí he aprendido.
En ocasiones hablo demasiado para evitar hablar de más.
No considero el silencio una derrota o una renuncia.
Creo en mis virtudes, sobretodo en la de ser consciente de mis defectos.
Las personas no pueden decepcionarte si no tienes expectativas sobre ellas.
Nunca he hecho las cosas con mala fe pero, al cabo del tiempo, entiendo que algunas aparenten lo contrario.
Preferiría que la gente pudiese leer mi pensamiento en lugar de ser yo quien se lo leyera a ellos.
Creo firmemente en mis capacidades pero prefiero no ponerlas a prueba.
Puedo ser transparente sabiendo que no lo estoy siendo.
Soy muy vaga para actuar pero nunca para relfexionar.
Me gustaría conocerme mejor para saber con que armas cuento para afrontar el futuro.

Quiero abrazar con el corazón a las personas de mi entorno que lo están pasando mal.

Lisboa

Foto: Alberto Mora Royuela

Me gusta Lisboa porque cada calle es un recuerdo de hoy.

Me gusta Lisboa porque su arena de playa hiere el alma.
Y por el ciprés que baila frente a mi balcón.

Porque las lágrimas tienen una explicación, y las explicaciones se resumen en un "porqué sí".

Me gusta Lisboa porque una canción cambia la noche, y una noche cambia Lisboa.

Porque tiende puentes, y los monumentos miran al cielo. Porque tiene acantilados y cumbres. Porque el Sol elige ponerse en su horizonte.

Me gusta Lisboa porque sus aceras están clavadas al suelo. (Que yo lo he visto). Porque no hay altura en sus calles, cada una sube lo que debe. Porque le puedes pedir más, si lo deseas.


Me gusta Lisboa porque sus vistas te la muestran, porque sus gentes te la cantan.

Me gusta Lisboa porque su aire olía a mar y a esperanza, y en ella sueñas.

Porque el futuro se diluye, porque el pasado se presenta... tan pasado...

Me gusta Lisboa por su fiebre, por su fado, por su risa y, sobretodo, por su llanto de fachadas desconchadas.

Porque el tranvía siempre te lleva donde debe, a pesar de todo. Porque caminar significa descubrir.

Porque el Sol no te dice que te debes acostar. Y la Luna te incita a probar la marea.


Porque no la volveré a ver con los mismos ojos, ni ella podrá - o querrá- verme a mi.


Porque, después de muchas noches, hoy me da una tregua para escribir.

(a) Medias

Se enfada con el fondo de los vasos
enfundada en medias y coartadas,
en penas baratas de nicotina,
porque el tiempo pasa por sus pasos.

Se desviste con los dedos del placer
conmovida por palabras y recibos,
por camisas planchadas con anillos:
Porque a esa hora no tiene más que hacer.

De personalidad adictiva su mirada,
se enfada con el fondo de los vasos.
Ahogando la certeza de que hace tiempo
la vida dijo gracias por venir.

Una buena explicación

Hay que aprender a aprehender.

Todo va a salir bien...

En los últimos días se han producido una serie de circunstancias, desencadenates sería más acertado llamarlas, que me han trasladado por unos instantes a los recuerdos que tengo de mi infancia.

Todo empezó cuando, hará cuatro días compré cerezas en la tienda de fruta de mi barrio Lisboeta. En ese momento no caí pero, por la noche, al meter un puñado de ellas en un bol con agua me vino a la mente una imgen: la casa de mis abuelos paternos, en cuyo jardín había un cerezo inmenso,con un tronco que mis cortos brazos de niña no llegaban a abarcar. Un cerezo al que me subía verano tras verano, creyéndome una intrépida aventurera, para llenar cubos y cubos de cerezas maduras que después comíamos todos sentados en el porche. Un cerezo que, con las explicaciones de mi padre, me enseñó muchas cosas. Entre ellas, que la resina es la sangre de los árboles, que brota cuando algo les hiere para curar sus heridas. Y encadenando recuerdos me ví, diminuta, junto a aquel árbol centenario acariciando una breha cubierta por resina seca y consolando el dolor inánime de un cerezo que probablemente hoy siqiera me recuerde.

También recordé una tarde casera de fin de semana, cuando aún vivía en la otra casa, en medio del pueblo. Fuera llovía y en el salón se habían acabado los juegos a los que jugar con tres de mis compañeros de colegio. Mi madre, viendo nuestro aburrimiento, propuso ir al supermercado a comprar chocolate caliente y churros para merendar. Aquel chocolate me supo a "tengo la mejor madre del mundo".

Y, supongo que sería por aquellos años, los maravillosos domingos. En los que la rutina consistía en levantarse pronto para acompañar a mi padre al quiosco a comprar la prensa y "aquello que yo eligiese" de entre todas las cosas que aquella tienducha añeja y oscura albergaba. Cada semana un premio: un pin de cobi, cromos de alguna colección que no iba a completar nunca, cartas de olor, y por supuesto "El Pequeño País", con la 13 Rue del percebe que mi padre nos leía a mi y a mi hermana pequeña (más pediente de escaparse de la mirada de mi madre y subirse sola al tobogán) en "los columpios de la montaña", nombre con el que bautizamos familarmente a ese parque.

Supongo que esa fue mi primera edad, pero hasta hoy no había logrado recordarla con tanta nitidez. Algo de culpa deben tener los apuntes de Ética y Deontología, que tratan de explicarme ahora qué es la moral.

Por amor al arte

Un día preguntaste porque elegí perderte.
Hoy se que hay elecciones que te echan a perder.

Una explicación

Hay que aprender a leer al revés.

La Cuesta del Marinero


Aceleró el paso según se acercaba a la Cuesta del Marinero. Entre las gotas de lluvia que llenaban los cristales de sus gafas acertaba a ver en la oscuridad el cartel luminoso de la taberna Galo. Oyendo el retumbar de sus pasos sobre las calles mojadas y la respiración entrecortada de su propia prisa, entró en la taberna alzando la mano que sostenía el sobre. Eleodora, desde la mesa situada al final de la barra levantó la vista abanicando el aire con sus negras pestañas y murmuró sonriendo: te creía muerto.

Jimmy le sirvió un whisky mientras él se quitaba la gabardina mojada, y guardaba los guantes dentro del sombrero negro que había protegido del frío su blanda calva de soplón. Jimmy deslizó el vaso medio vacío en dirección a él y agarró con la misma mano el sobre, que apenas pudo levantar un palmo de la barra cuando Eleodora hincó sus rojas uñas de viuda sobre él.

-¿Así que me tienes toda la noche esperando por este sobre de mierda? Ethan, sabes perfectamente que no puedo permitir este tipo de chapuzas.- Sin dejar de mirar el contenido del sobre, levantó índice y corazón sosteniendo el cigarrillo. Agitó los tres al unísono y el zigzag del humo hizo levantarse a los dos gorilas que observaban la escena desde la penumbra del fondo del bar.

- Sé que te dije que te traería a William, pero no ha dejado rastro. No puedes hacerme esto. He trabajado para ti durante años y nunca he fallado, sólo por esta vez permíteme que haga cualquier otra cosa, dile a Ulises que volveré a la calle, pondré un oído en cada esquina y un ojo en cada bar de la ciudad, me enteraré de donde está William, lo juro. Esta vez no he tenido tiempo, pero de sobra sabes que soy el mejor a la hora de enterarme de las cosas, os traeré a William, y si se tercia su cabeza en una caja.- balbuceaba Ethan, en el rostro del cual se confundían las gotas de sudor y de lluvia.

Se abrió la puerta del lateral de la barra y de ella salió la voz penetrante de Ulises que pidió amablemente a Ethan que se callase de una jodida vez. Salió de su escondite y se acercó a la mujer por detrás, asiéndola por la cintura con brusquedad- Ni siquiera mereces el whisky que estás intentado tragar desde que has entrado por esa puerta-.

Eleodora que había cerrado los ojos a la altura de la nuez de Ulises y había entreabierto la boca para, de forma inconsciente, tratar de atrapar las palabras del brusco caballero, se dirigió de nuevo al tembloroso bufón que asía con desesperación el vaso y le agarró por las pelotas.

-Lárgate, y vuelve mañana con la cabeza de William o tus ojos y oídos terminarán, de verdad, en cada esquina de la ciudad.- le susurró mirándole fijamente, con una sonrisa vil entre los labios húmedos.

Ethan no quiso siquiera recuperar la gabardina y salió escopeteado del bar adentrándose de nuevo en la lluvia. No tenía más remedio que hacerse con el dichoso pasaporte si quería volver a verse reflejado en los ojos de Eleodora.

Ni las amenazas de Ulises, ni el miedo a ser mutilado por los gorilas hinchados eran motivos más poderosos que el volver a mirar a Eleodora a los ojos. Ella tenía el don de proyectar en su mirada aquello que todo hombre había soñado alguna vez hacer: saciar su lujuria bajo el cuerpo de esa mujer. Por eso Ethan temblaba al verla dirigir su mirada hacia él, y por eso tuvo que salir corriendo antes de que su excitación fuese demasiado patente. Podía soportar las amenazas de Ulises un millón de veces más, pero no podía vivir sin verse reflejado en Eleodora, por lo menos, una última vez.


Dentro del bar, Ulises echó un vistazo a los tres papelotes que hacía un rato había contenido el sobre marrón. Los gorilas se relajaron escuchando el piano sobre el escenario y Jimmy llevó la botella de brandy a la mesa de la pareja para calmar un poco los ánimos.

-La próxima vez procura intimidarlos un poco mejor, sabes perfectamente que yo también tengo que ver esas jodidas imágenes…- le escupió Eleodora a Ulises antes de dar un trago a su copa. –Si tengo que volver a ver a ese enano sudoroso gimiendo en mi nuca, voy a vomitar- dijo frunciendo el labio sobre el cristal de la copa.

-Para mañana a estas horas William estará muerto y todo gracias a ti, y al efecto que causas sobre el pobre Ethan.- Ulises alargó el brazo hacia Eleodora y tiró de su cintura hasta acercarla a él.
-Procura que no le ocurra lo mismo que a Johnny el Niño, y todo irá bien- dijo ella frente con frente mirándole fijamente a los ojos.

-¡Fuera todo el mundo! ¡¡El bar acaba de cerrar!!- gritó Ulises mientras el pianista interrumpía el último acorde del Nocturno nº2 de Chopin y pocos segundos después cerraba la puerta del local junto con los dos gorilas y Jimmy el camarero.

--------------

William había dejado la ciudad hacía dos días, en un mercante con destino a las antípodas. Ethan se rascaba con ansia nerviosa la clava mientras miraba con desesperación el registro del puerto. Iba a ser imposible encontrarle, y mucho menos llevarle frente a Ulises esa misma noche. Sólo tenía dos opciones, montar en otro barco de inmediato y desaparecer de allí con los ojos y los oídos aún en su sitio, o regresar al Galo y enfrentarse a la tortura. Ulises podría arrancarle los ojos, pero por lo menos volvería a verse desgarrando la camisa blanca de Eleonora para dejar su pecho al descubierto.

Obviamente esta última opción no le disgustaba, pero le privaba de poder disfrutar en un futuro de una visión semejante. Pensó que lo mejor sería mandar al Galo a Johnny el Niño, para que tantease el terreno antes de acudir él mismo con las malas noticias.

Localizó a Johnny en un bar del puerto no muy lejano, haciendo peligrar las existencias de vino de la tierra. Con cuatro botellas vacías sobre su mesa, la idea que Ethan le proponía de volver a pisar el local de Ulises le pareció igual de descabellada que si hubiese estado tan sobrio como la última vez que lo hizo. Ni por un millón volvía a acercarse a Ulises, por no mencionar a Eleodora.

-¿Tengo que enseñarte lo que hay debajo del parche para que entiendas porque no quiero volver?-masculló Johnny entre trago y trago de vino picado.

-Vamos Johnny, te pagaré el vino de todo el mes y hablaré con Margaret para que te deje probar a la mejor de sus fulanas -le rogó de nuevo Ethan, aún sin tono de desesperación.

-¡Ni por un ejército de Walkyrias hechas de puro ron vuelvo yo a la taberna Galo, Ethan!- y golpeó la mesa de madera sucia con la botella medio vacía. –Y no porque Ulises quiera sacarme el otro ojo, si no porque- y se giró hacia Ethan con la expresión secuestrada por el deseo- aún puedo verme en los ojos de Eleonora con éste- y señaló, sin soltar la botella, el ojo sano que le quedaba.

-Si hubieses sido un poco más cauto, y no te hubieses dejado llevar por lo que veías…aún hoy podrías disfrutar de esas miradas. Pero tuviste que abalanzarte sobre ella, y claro…Pasó lo que pasó. Estás hecho un salvaje Johnny el Niño, si yo fuese Ulises ¡te hubiese cortado también la lengua!- gruñó rabioso Ethan. Se levantó del taburete y cruzó el tugurio mascullando insultos a Johnny, a William y sobretodo a sí mismo, por querer volver al Galo y no ser capaz de subir a un barco y no mirar atrás.

-----------

Al otro lado de la ciudad Eleonora miraba al vacío y dejaba escapar el humo de entre sus labios untados en carmín rojo mientras pensaba en William. En dónde debía estar en ese preciso instante, en las ganas que tenía de verle exhalar su último aliento, en cómo disfrutaría cortándole la lengua, y las manos para que no pudiese escribir y de ese modo no pudiese contar el secreto que Eleonora le había confesado tiempo atrás, cuando en lugar de enemigos eran amantes.

Ese tiempo en que Ulises, había quedado relegado al papel de perro guardián que cuidaba de ella frente a los peligros de la noche en la ciudad. Pero ella vivía sus fantasías junto a William al otro lado del río, y permitía que Ulises la protegiese del mal, y disfrutaba del bien junto a ese al que ahora temía más que a todas las armas del mundo. Mientras William siguiese con vida, Eleonora no estaría a salvo. Por eso necesitaba verle caer, y recuperar su talón de Aquiles cuanto antes para volver a encerrarlo bajo llave.

Ulises, ajeno a los pensamientos de Eleonora, sorbía un café con hielo mientras charlaba con Jimmy en la barra del Galo. No había siquiera sospechado que una noche hacía un par de meses, su apasionada Eleonora había sucumbido a sus propias visiones.

La noche en cuestión ocurrió tras la incursión de la policía en uno de los asuntos de Eleonora. Ésta, decidió un par de días después de la incautación, acercarse al puerto para investigar y descubrir quien había dado el chivatazo. Mientras transcurría la noche de averiguaciones se cruzó con William en el almacén de su propiedad. Se acercó a él y le interrogó, haciendo uso de ese don de que disponía sin haberse planteado de antemano que alguna vez ella desearía tanto lo que veía como el que estuviese frente a sus ojos. Y así ocurrió, tras dos escenas desenfocadas, un escalofrío recorrió la espalda de la mujer al adivinarse cabalgando estrepitosa sobre el recio cuerpo de aquel marinero de ojos azules.

En alguna de esas noches secretas, entre sollozos le había contado a William su mayor debilidad, incapaz de negarle nada que él le pidiese instantes antes de abrazar el placer desmedido. Por ello, cuando William desapareció hacía un par de días Eleonora sólo podía esperar lo peor. El fin de una década de perfeccionamiento de su virtud, que le permitía un control casi absoluto del mundo que la rodeaba.

Optó por la solución más fácil, decirle a Ulises que William había sido el topo de la policía y que por eso había huido precipitadamente. Cosa que Ulises creyó sin más reparos pues no encontró mejor explicación a la desaparición repentina del muchacho.
Fue entonces cuando recurrieron a Ethan, y éste a Johnny el Niño, pero no hubo forma de localizar al marinero, que haciendo honor a su profesión se había embarcado para no volver.

Ethan no tuvo más remedio -en realidad sí, pero no quería aceptarlo- que volver al Galo a poner las cartas sobre la mesa. Entró cabizbajo y tembloroso, esperando encontrar a Eleodora junto a la barra. Cual fue su sorpresa, cuando se dio de bruces con Ulises que hacía rato lo esperaba frente a la puerta.

-¿Dime que no has venido con las manos vacías?-dijo en tono amenazante.- Más te vale haberte cargado al chivato y haberlo enterrado por ahí. Porque si no es así, y te has presentado en casa de Eleonora sin nada que ofrecerle, vas a arrepentirte durante mucho mucho tiempo- dijo con voz grave mientras se acercaba a Ethan que cada vez se sentía más diminuto.
-¿no…n…no…está Eleodora?- alcanzó a pronunciar con dificultad. –No para ti-respondió tajante Ulises. Ethan levantó la cabeza tratando de buscar con la mirada a Eleodora por el bar, pero la penumbra y la gran figura de Ulises frente a él le impedían ver con claridad más allá de un par de metros.

-William a desaparecido Ulises-dijo nerviosos Ethan, volviendo a mirar al suelo.-no sé donde se dirige su barco ni si piensa volver…-continuó casi sollozando.
–En ese caso no tengo más remedio que pagarte por tus servicios- dijo Ulises mientras acariciaba la sudorosa calva del soplón y asía con la otra mano su navaja en el bolsillo de la chaqueta.

A Ethan no le dio tiempo ni a pedir clemencia cuando la hoja de la navaja cercenó su ojo izquierdo como si de Un perro andaluz se tratase. Y, más perro que nunca, Ethan se agarró la cara entre alaridos de dolor y salió por la misma puerta que pocos minutos antes le había visto entrar.

-Ya lo ves Eleodora, va a ser imposible encontrar a ese chivato de tres al cuarto- dijo Ulises mientras limpiaba su navaja con un paño que Jimmy muy amablemente le había cedido.
-En ese caso, mucho me temo que tu también has dejado de servirme- Eleodora surgió de entre las sombras del bar con un revólver en la mano apuntando a Ulises. Jimmy siguió lavando vasos con total naturalidad, y el pianista no dejó de presionar ni una sola tecla mientras Ulises, con la voz teñida de desamparo le decía a Eleodora: - Mátame si quieres, pero deja de mirarme, por favor-.

De nada

"Voy a ponertelo fácil: No te extraño. Nunca lo he hecho, aunque te haya podido decir lo contrario, mentía. No he pasado ni una sola noche en vela sopesando mis decisiones. Mi círculo actual siquiera conoce de tu existencia, te obvié de mis recuerdos al explicar quien soy ahora, por que jamás has formado parte de mi. Tampoco he llegado a plantearme cómo sería tenerte ahora a mi lado, ni si me convertiste en una persona mejor. No me preocupa lo que sientas, pienses o vivas, ni lo más mínimo. No te pienso cuando sueño, ni cuando estoy despierta. No te siento al hablar, ni te imagino en la distancia.
Nunca te he querido.
Si necesitas más facilidades, no tienes más que pedirlas, o simplemente ignorarlas."

Ahora sí puedes llorar. De alivio, claro....

No te entretengas en tonterías, que las hay.

Aún recuerdo cuando la mayor preocupación que me turbaba era tener que ver los interminables anuncios en mitad de la escena final de una película romántica.

Esa incertidumbre de no saber si tras la despedida de los protagonistas alguno se iba a girar para ver al otro alejarse. Siempre he creido que si eso no ocurre toda la la película no vale la pena: el amor es fingido (dentro de lo que cabe esperar).

A día de hoy, yo sólo me he girado una vez tras una despedida. Y, como cuando irrumpían los anuncios, la incertidumbre de saber si se giró; me turba más que nunca.

Pero Coca-cola me dice: estás aquí para ser feliz.

Las edades de María (3ª Edad)

El azucarillo en el café de las siete me hace responsable del día. Ya no miro a los chicos con carpeta, sino a los hombres de traje. Será que me hago mayor, o que el mundo rejuvenece sin contar conmigo.

He aprendido a madrugar; pero aún no se acostarme pronto... ni dormir sola.

¿Qué deparará la 4ª?

Vívelo...


...y si no puedes; escribe sobre ello.
-Siempre será mucho mejor.-


"(...) donde yo antes vivía y ahora sólo ocupo (...)"

Girls just wanna have guns...

Aterricé en tu cielo
empapelada en vicios.
Y carcajadas enmarcadas
en carmín color pulpa.

Te acercaste a mi tierra
con los pies descalzos
y la intención de deshojarme,
como a tantas margaritas.

Y tras la insistencia
de tus fugaces manos,
mi mundo te dio una respuesta:
No me quiere.

Viajes a ninguna parte

Cuando voy en el metro, miro a los hombres y me imagino cómo sería tener una relación con cada uno de ellos. Los examino con detenimiento y tengo fantasías de vida cotidiana con ellos.
Pero al final, ninguno me convence.

Síntesis

Con dos palabras te hago un mundo, con tu silencio el abismo.

Dijo que se terminó y nunca volvió a llamar, a casa.

No me gusta hacerme promesas a mi misma, por que siempre acabo decepcionándome.

Crees que estás cambiando, y lo único que ocurre es que estás conciéndote mejor.

Hoy va a haber tormenta, pero eso el mundo aún no lo sabe.

- Siento llegar tarde. ?Llevas mucho tiempo esperándome? - Toda la vida.

Me besó, y no hice nada para impedirlo.

Todo se resume; a medida que pasa el tiempo.

El paseo de la vegüenza

Hay cosas que se piensan y nunca deberían decirse.
Después de una hora de vagar por la ciudad inmersa en la conversación que acababa de mantener llegó a esa conclusión. No sin antes haberse gastado el último euro que le quedaba en el café aguado del bar de debajo de casa de Pedro.
No quería volver a casa aún y alargó el paseo de la vegüenza pasando de largo la parada de metro. Pretendía llegar andando a la otra punta de la ciudad.
Tenía los pies destrozados por los tacones, una mirada interrogante asomando sobre las ojeras y el móvil sin batería; per aunque hubiese estado cargado no sonaría.

Recordó el vestido rojo y se preguntó dónde habría terminado. Seguramente en alguna de las cajas que tenía repartidas por todo el país, junto con los zapatos de bailar y los primeros apuntes de la facultad de Medicina.

Tenía ganas de llorar, pero no consiguió hacerlo. Se tragó el llanto en un suspiro atado al humo de un cigarrillo light.

Nunca llegó a casa, pero es tampoco es importante. No había nadie esperándola. La última vez que la vieron subía a la tercera planta del Corte Inglés, con una sonrisa sumisa y la certeza de que nunca iba a encontrar lo que había salido a buscar todas las noches desde que llegó en barco aquella tarde de Abril.

Cronología

Me dieron las herramientas para construir una vida.
Y moriré sin haber encontrado el manual de instrucciones.

Las pocas cosas que sé

Sé que no me cuidaréis si enfermo.
Que no lloraréis por mí.
Que no me abrazaréis en las noches frías.
ni pensaréis en mí al despertar.

Sé que no queréis saber qué me ocurre.
Que no me animaréis cuando esté triste.
Que no me salvaréis de los problemas,
ni me preguntaréis cómo me encuentro.

Sé que no soy vuestro problema.
Que no correréis en mi busca.
Que no perderéis ni un asalto,
ni querréis que os consuele.

Sé que no ocuparé vuestros días.
Que no congelaréis los instantes.
Que no me pediréis explicaciones,
ni sueños, ni canciones, ni futuros.

un placer hacer negocios contigo

Hola desconocido.

Hueles a pan caliente de domingo por la tarde. Tengo la razón vencida y las llaves de mi casa agitándose en el bolso.
Te cambio una noche entera por treinta caricias y un nombre de pila.



Acepto la contraoferta, una inicial y tres orgasmos.
Trato justo.

¿Cuánto tiempo ha pasado?

¿Cuánto tiempo ha pasado desde
que aprendí a mirar al sol sin ensuciarme?

¿Y permití que las banderas ondeasen moribundas
en un cielo de piedras calizas?

Con permiso de las sombras
perderé esta noche la cabeza
y retomaré la vida mañana,
con la memoria cansada de olvidar.

Devuelto al remitente

De un tiempo a esta parte,
reparto caricias
por códigos postales.

De un tiempo a esta parte,
me prohibí asomarme al buzón
de mis recuerdos.

Desafiando al oleaje

Y qué puedo hacer yo
si sólo uso las agallas, como
los peces,
para respirar.

No me levantes la voz

Pídeme paz y te haré la guerra.
Pídeme espacio y te haré un cajón.
Pídeme límites y te haré galaxias.
Pídeme tiempo y te haré un reloj

Pídelo a golpes...
y me llevaré el tambor.

Crimen y Castigo


Crimen


Parada en medio de la ciudad,
con un suspiro en cada mano,
y un esclavo en la mirada.
Con la sonrisa adherida al cielo
y la cabeza al pecado.

Parada en medio de la ciudad,
parada en medio de en medio.
En plena mitad del esplendor más absoluto
la miraban.

***


Castigo

Parada en medio de la verdad,
con un vacío en cada mano,
y un verdugo en la mirada.
Con el presente adherido al suelo
y la memoria al pasado.

Parada en medio de la ciudad,
parada en medio de en medio.
En plena mitad del vacío más absoluto
la juzgaban.

De la risa...

...cabalgando en tu garganta.

100 Cosas que ya he hecho en la vida

He tomado las uvas en la Puerta del Sol.
He vivido en 3 ciudades.
Me he perdido en un Centro Comercial.
He comido carne de canguro.
He corrido en San Fermines.
He bebido durante 7 días seguidos.
He cantado en un karaoke.
He dormido 26 horas.
He besado a dos personas a la vez.
He mordido.
He echado de menos.
He echado de más.
He salido de fiesta en Ibiza.
He ido sola al cine.
He cantado en primera fila durante el concierto de uno de mis grupos favoritos.
He hecho el Camino de Santiago.
He visitado varios países sin pisar sus capitales.
He tenido sexo con un modelo.
He visto anochecer desde dentro del mar.
He escrito poesía.
He cambiado un regalo.
He llevado liguero.
He cabalgado.
He llevado tacones de 12 centímetros.
He olvidado cumpleaños importantes.
He visto a mis padres solteros.
He enfermado hasta el delirio.
He presenciado un atraco.
He hablado en sueños.
He ido a una fiesta vestida de Audrey Hepburn.
He visto morir.
He dormido al raso.
Me he caído por una escalera.
He vivido meses sin televisión.
He querido mucho.
He usado zapatos topolino.
He atado a alguien.
He perdido los papeles.
He llorado en París.
He desordenado alguna vida.
He pedido favores.
He hecho llorar.
He hecho reír.
He sido motivo de enfado.
He conocido al hombre ideal.
He comprado en un mercadillo de antigüedades.
He tocado el piano.
He “violado” a alguien.
He pintado cuadros.
He mirado con deseo.
Me he cortado el pelo muy muy corto.
He competido a nivel nacional.
He aprendido el significado de "saudade".
He pellizcado con los pies.
He dormido en un tren.
Me he desnudado frente a un desconocido.
He sido atropellada.
He gritado hasta quedarme sin voz.
He llegado una hora tarde a un examen.
He hablado por la radio.
He recreado escenas de películas en la intimidad.
He perdido los zapatos.
Me he acostado con alguien virgen.
He sido donante de sangre.
Me he duchado acompañada.
He aprendido un nuevo idioma.
He contribuido a formar una pareja.
He evitado mencionar mi condición de soltera en el trabajo.
He escrito cartas que nunca mandé.
He visto casarse a un amigo.
Me he vestido de hombre.
He admirado a mis padres.
He mentido para conseguir algo.
He besado bajo la lluvia.
He contribuido a la realización de una fantasía.
He tenido a mi mejor amiga en la otra punta del mundo durante un año.
He trabajado en un hospital.
He tenido un empacho de chirimoyas.
He volado en avioneta.
He recordado olores de mi infancia.
He estado en una comisaría.
Me han roto la nariz de un cabezazo.
He estado un día entero paseando sola por la ciudad.
He sentido compasión por una anciana.
He hecho promesas que no pensaba cumplir.
He dormido en un portal.
He tenido pesadillas después de ver una película de terror.
He aguantado dos minutos bajo el agua.
He susurrado barbaridades.
He llevado sombrero.
Me han dado más de cincuenta puntos.
He visto cinco películas seguidas.
He estado cuarenta y ocho horas desnuda.
Me han enseñado a jugar al ajedrez.
He pisado uvas para hacer vino.
He navegado a vela durante una semana.
He enseñado a nadar a un niño.
He ido al funeral de un amigo.
He oído mi nombre completo en la megafonía de un aeropuerto.
Me han besado en la Puerta del Sol.


“…he visto Rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta Bettanhauser…”

Verdades a medias

"Miento más que hablo" le dije con la mirada.
Él me besó, y un "ahora es cosa tuya"se deslizó de mis labios calientes.

¿Quién lleva los pantalones?

a: - Cámbiate, no pienso salir contigo de casa con eso.

b: - ¿Ya estamos con el tema de los vaqueros?¿Qué tienen de malo?

a: - Cada vez que sales con esos vaqueros terminamos mal.

b: - Como si la culpa fuese de los pantalones...

a: - No, por lo general es tuya. Pero esos vaqueros tienen mucho que ver.

b: - Quizá terminemos mal porque empezamos discutiendo por los vaqueros...

a: - Sólo te pido que te cambies, no hagas una montaña de esto.

b: - Pues no pienso cambiarme, así que tú verás...O seguimos discutiendo y llegamos tarde o nos vamos ya.

a: - Sabes que esto va terminar mal. ¡Cámbiate!

b: - Bien, pues no salimos y punto.

a: - No puedo hacerles eso, ¡es su aniversario!

b: - Entonces vámonos ya.

a: - Te he dicho que no pienso salir de casa si llevas esos vaqueros.

b: - Pues ya está todo dicho. Nos quedamos.

a: - ¿Por qué tienes que comportarte siempre como si tuvieses doce años?

b: - ¿Y tú por qué crees que tienes derecho a decirme los vaqueros que puedo o no puedo llevar?

a: - Venga, hazme el favor. Cámbiate, que ya llegamos tarde...

b: - He dicho que no, y ya no me vas a hacer cambiar de idea. Yo no me muevo.

a: - Tú lo has querido. Voy a llamar para decir que no vamos.

.
.
.

a: - Hola. Mira, que...bueno, hemos vuelto a discutir y no vamos a ir a la cena. Lo siento muchísimo. Ya sabes como se pone a veces...

c: - Está bien. ¿porqué no os pasáis mañana y nos tomamos un café?

a: - Claro, estupendo. Muchas gracias y mil perdones. Con lo cabezota que es, no hay quien consiga que entre en razón...

c: - Solucionadlo anda, que ambos sabéis que no podéis estar enfadados...Nos vemos mañana.

a: -Cuenta con ello. Ciao.
.
.
.

d:- ¿Eran ellos?

c: - Sí. No van a venir a cenar.

d: - Se ha vuelto a poner los vaqueros, ¿verdad?

c: - Sí.

d: - ¿¡Por qué no coge los vaqueros dichosos y los tira de una vez!?

c: - Por que no son de ella, son de él.

"Abierta de par en par, la vida por unas páginas"


Sólo quise vivir la vida,
pero no toda de Golpe.



"(...) yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan."
-2- Presagios.

La Ley de la Conciencia

Empezamos a vivir -y a ser conscientes de ello- demasiado pronto.

Viaje a las Salinas

Estoy a merced del pacto
entre el lodo y el cielo.

Se quedarán sin aire los galeones
cuando atraquen en tierra yerma
los ladrones, que una vez me pidieron
el Sol, sin ser luz
ni ser fuego.

Recuento de penitencia

Una canción de fondo
Dos llamadas fortuitas
Tres bocas sin destino fijo
Cuatro noches empleadas
Cinco minutos por venir
Seis copas en la garganta
Siete canciones de fondo
Ocho de la mañana, hora española.

El Arte de Perder

En la torre de marfil de mi cama
los golpes no suenan, no duelen.
Como agujas indelebles del ruido,
los gemidos suplen al desamparo.

Arañan como dientes mi desnudez,
y permiten que almacene el dolor
de todos mis anzuelos fríos, que
me agrietan por dentro sin saberlo.

Y al final de los días, cada noche
el eco de las risas que me acechan
se cobija en mi regazo, protegido
por las misma sábanas que mi fe.

A lo mejor, no tenemos tantos lujos...

Todo lo que fui, y todo lo que busco.
Eran más de cien los jinetes del Apocalipsis,
y a pesar de ello me siento sólo, sin cigarros
ni razones.

Volver

Se acercó a la silla e hizo ademán de sentarse justo cuando anochecía por la ventana del fondo de la cocina. Nunca una puesta de sol le había emocionado de esa forma. Tanto como a las manzanas del frutero, que perdían el color a medida que el sol sucumbía al horizonte.
Terminaba su primera juventud con el cigarrillo a medias y la cabeza llena de pensamientos confusos por el color de aquel atardecer y todo lo que él conllevaba.
A la mañana siguiente el Sol no sería el mismo que el de ese Madrid que le había enseñada a creer que podía conquistar el mundo en un minuto. Y lo peor de todo es que no dejaba nada atrás, mas que las ganas de recuperar el tiempo perdido.
Cuando amaneciese en su nueva vida a bordo de un tren colonizado por desconocidos, que le recordaba a las aulas de su universidad el primer día del primer curso de su primera juventud, nunca volvería a tener la posibilidad de recuperar el tiempo desperdiciado en “hasta luegos” y otras memeces.

Pero la nueva ciudad traía pegado a su olor el deseo y la sal tenue de una mezcla de agua dulce y amarga – como sus recuerdos-.
Se cargó la maleta al hombro, como quien aúpa a un hijo una tarde de domingo viendo en él el futuro; y nada más poner un pie en la estación vació la bolsa de libros sobre un pañuelo ajado y colgó el cartel: “ Libros a 1 Euro”.

Después de ver pasar a infinidad de viajeros emocionados por su llegada a la ciudad, se dio cuenta de que el Sol se ponía de nuevo, y él seguía con los bolsillos vacíos, sin un lugar donde dormir y perdiendo el tiempo tratando de conquistar el mundo con su prosa.

-Por no haber, ya no había ni manzanas-.

Mi primera juventud, siempre fue la última


...y acabó donde empezaba.


No quiero escribir por venganza, pero a veces eso puede ser un buen motivo para tener una excusa y recordar cosas que querríamos olvidar todos -y todos se niegan-.

Y a veces, los fuegos no arden donde uno querría, pero al fin y al cabo son fuegos…y ¿quién soy yo para buscar una manguera, y hacer apagar algo?


Así y todo, tarde que no es y prisa que no tengo... hubo un momento para todo y ahora me queda lo bueno; y de lo malo me hago un bocadillo de patatas y alegría por lo que me queda.

Supongo.

El tiempo es tiempo; y lo demás, otra cosa...

Si tengo que robarle un minuto a mis días... cual mejor que este!?

La belleza del exceso tiene grietas


Y, después de todo, me duele el corazón...

Físicamente.

Tic-Tac

Apenas lograré esperar al futuro,
cuando el pasado me pida explicaciones.

Si el presente acepta mis disculpas
...estoy perdiendo el tiempo.

Nocturno creciente

Te cambié por otro en mis sueños,
como quien pide un verano más
para jugar al escondite en las sábanas,
y despierta con los pies desarropados.

Te perdí en ayunas esa noche
de zapato y corazón incómodo,
en la que me comía el mundo. Para
amanecer hambrienta de besos.

Te derroché en palabras mías
que avalaban cada paso nuestro.
Y madrugué abrazada a la certeza
de que sin ti no eran lo mismo.

Cancelé todas mis citas para hoy,
para olerte en cada ráfaga de viento,
y en la mañana fría, me di cuenta
de que ni siquiera sabía soñar.

Nos queda

El beso apoyado en la pared,
Calamaro versus Sabina.
El primer japonés y la cara de asco.
Películas y sábanas con anginas.
La foto más bonita del mundo,
y todas las demás.
Nada, besos de ron y saliva en ayunas,
el aire de todas las calles de Madrid.
El recuerdo de aquella persona que solía ser…
La misma camisa y el mismo sombrero.

Las edades de María (2ª Edad)

Amanecer con los ojos pegajosos, y poner los pies en el suelo que también lo está. Encender un cigarrillo y andar hacia el baño esquivando el desorden, mirarte al espejo y verlo en tus ojos.
Una ducha de agua y verdades sobre el cuerpo desnudo, como el alma. Vestirse con lo poco que queda limpio, mirar por la ventana y que la niebla cale en tu mirada hasta por la noche. Volver a pisar al suelo pegajoso antes de alzarse sobre unos tacones, esquivar con ellos el desorden y tratar de maquillarlo en los ojos. Otra noche en la que amanecer con los ojos pegajosos.

Después de un portazo...

Apagón en la casa,
te vas y me pierdo.

Y tengo, luz verde para
el dolor más oscuro.

Salir perdiendo

Porque el amor es un duelo, que uno no empieza si no está seguro de su victoria.
Por eso, al final, todos salimos perdiendo.

Personalidad adictiva

De personalidad adictiva mi mirada
que a la sombra del Metro se cobija,
ajada por la vida transitoria que alberga,
distraida por noches, palabras y ceniza.

En el alma donde mis fantasmas navegan
quebré, a besos, las velas soplándole al viento.
Callaba a ratos el mundo, torcía el destino su sonrisa
mientras el tiempo escribía la historia a mordiscos.

Homenaje a Luz Casal...


Tu juegas a quererme,

yo juego a que te creas que te quiero,

buscando una coartada

me das una pasión que yo no espero,

y no me importa nada,

tu juegas a engañarme,

yo juego a que te creas que te creo,

escucho tus bobadas acerca del

amor y del deseo, y no me importa nada,

nada, que rías o que sueñes, que digas o

que hagas, y no me importa nada,

por mucho que te empeñes estoy

jugando y no me importa nada...


Tu juegas a tenerme, yo juego a

que te creas que me tienes; serena

y confiada, invento las palabras que te

hieren, y no me importa nada,

tu juegas a olvidarme, yo juego a que

te creas que me importa, conozco la jugada,

sé manejarme en las distancias cortas,

y no me importa nada, nada,

que rías o que sueñes, que digas o que hagas,

y no me importa nada, por mucho que te empeñes,

que digas o que hagas, y no me importa nada...


Y no me importa nada, que rías o que

sueñes, que digas o que hagas, y no

me importa nada, que tomes o que dejes,

que vengas o que vayas,y no me importa nada,

que subas o que bajes, que entres o que salgas,

y no me importa nada...

Soledad sin tiempo

Predicaba el olvido su mensaje,
abrasador nostálgico de un tiempo
en que cada alma era una colmena
de encierro virginal y blanco.

Pirámide de olvido escala el cielo,
hasta el ínfimo infinito de la tierra
que cálida se seca entre las olas
de asfalto y humo de bocinas.

Como un pájaro que olvidó donde iba,
y despertó en un lugar con rejas de vidrio,
y al intentar escapar chocaba, contra
su propia y volátil ignorancia.

Perverso el caos de este desierto,
y la luna que me mira y enmudece.
Y los días que pasaba acompañada,
se han convertido en tierra húmeda.

No hay dos sin tres, ni soledad sin tiempo.

Por terminar

Después del desastre, cada edificio en pie resultaba grotesco a los ojos de los anónimos transeúntes que los esquivaban. Y los plastificados árboles no eran verdes, porque el color ofendía a las víctimas. Y él paseaba su libreta de papel por los rincones, y era testigo de cada fugaz amor de niebla y Metro. Se camuflaba en la ciudad entre cada tú y cada yo, y veía pasar el tiempo con la mirada cercenada. Era una ciudad de silencios y espuma de mar, y sus habitantes eran 90% agua de río. Pero él pertenecía al mundo antiguo, a ese que todos enterraron en las fosas comunes de recuerdos. A un mundo de rayos de sol por las mañanas, donde el deseo no era mentira. Y por ello no hablaba con nadie, por que el resto notaría en sus labios el temor a ser descubierto. Y lo anotaba todo en su libreta gastada, para que al terminar sus días, ese mundo de barro marrón supiera que en la infértil arena de sus orillas había crecido una flor, en forma de chaval de veinte años.

Él andaba zarandeando su chaqueta marrón inundada de bolsillos por aquella ciudad sin tiempo, donde las palabras pesaban quintales, y las miradas se esquivaban con lágrimas secas. Todo lo que rodeaba al muchacho era frío, y cuando andaba sobre la nieve ennegrecida por pisadas oxidadas le nacían poesías de entre las manos. Sus ojos negros reclamaban un destello de vida, que nunca llegaría. Y dibujaba agujeros a modo de rascacielos blancos. Con el tiempo en los bolsillos de pana tropezaba con los transeúntes embobados en el cielo, que ese día era azul, como el agua de los ríos que se secaban entre la muchedumbre. Cada paso que trazaba dentro de sus zapatos negros le acercaba a casa. Y muchas veces se preguntaba qué haría falta para desahuciar la pena que le embargaba. Sacaba el bolígrafo de vez en cuando para anotar pensamientos, que al llegar a casa olvidaría al ser testigo de su propia huída.

Cómo perder el tiempo en vivir, si en apenas unas horas, los suspiros le dejarían sin aire. No era cobarde, pero sí precavido. No era egoísta, pero sí independiente. Y lo que jamás podría tolerar era la rabia. Si él no tenía motivos para enfadarse, ¿Quién los tendría? Lo que soportaba a diario sobre sus hombros era el desdén, la resignación y el incierto futuro.
Con los pies en rama, una noche de verano, entre las paredes de una habitación amarillenta y supurante, concluyó que su vida sería en balde si no encontraba en ese mundo vacío a alguien con quien volver a hablar de mariposas.

Algo corroía las venas del chico, que palpitaban estrepitosas bajo su blanca tez. No podía evitar que el sol hiriese el delicado lienzo de su cuerpo, pero aún así acaparaba todos los rayos que el astro emitía resignado para los ciudadanos anónimos que bailaban al compás de sirenas y pitidos alrededor de él. Nunca había salido de los muros de aire que contenían la insulsa vida de esa ciudad cansada y vieja, como los rostros de quienes la habitaban. Esa inmensa isla de rascacielos derruidos en medio de la arena infinita, se dibujaba en el vasto imperio como la cara de un vagabundo: áspera, corroída y surcada por arrugas de vejez que se convertían en calles hundidas de miseria.

Al febril y espigado chico apenas le quedaba vida en la mirada, y menos restaba en su alma y corazón. La escasa luz de esperanza que vertía su verde y esquiva mirada, se derramaba en cada parpadeo. Y en los días en que el viento soplaba con fuerza desmedida se llevaba consigo su angustia, y la esparcía por los rincones y esquinas de aquella isla de asfalto que día tras día ahondaba sus raíces en sus sienes y asfixiaba de sus ojos los recuerdos.
Con esfuerzo lograba salvar los recuerdos más insondables, recordaba que no hacía mucho tiempo peregrinó femeninas orillas con sus manos. Y después de vaciar su cuerpo de agua, entre besos y lágrimas, se derramaba en la luz de días infinitos. Y rogaba al cielo que se llevase su voz para que no pudiese dolerle pronunciar su nombre. En su saturada libreta recogía retazos de aquellos días en los que si fuese luz hubiese amanecido con ella. Y la pena acaparaba el verde de sus ojos, impasible y voraz como el tiempo desperdiciado en recordar, que le robaba momentos de olvido.

Ella le recordaba en algún rincón oscuro de la ciudad, recordaba el olor a camino andado de sus ropas, pero ya no era más que el recuerdo de dos cuerpos distantes por el tiempo y las palabras, por monstruos hechos de palabras. Palabras que sonaban huecas al abandonar su lengua hinchada de caricias. En ese rincón oscuro, escondido e impreciso, entre el techo y el fin del mundo, ella pensaba en él. Ella, con quien había hablado de mariposas unidas al cielo por hilos de terciopelo que las empujan a volar. En ese rincón donde las almas se convertían en colmenas, le escribía letras precoces, y le deseaba, como quien se ve engullido por esa pasión que prolonga el infinito. Ella, sabía que se pudría por dentro a causa de las heridas provocadas por sus propias garras; era consciente del mal causado, del tiempo robado en los andenes y de las mañanas de niebla que escondían atroces verdades. Ahora vendía sus caricias al mejor postor, pero su cuerpo ya no era tan suyo como cuando era de él. Y él no perecía porque su alma volaba al recordar las delicias de piel de argento, los susurros cómplices de noches teñidas de tiempo, de sueños que crecían enarbolados a su cuello y caricias ambiciosas de piel y sal.
A ella se le asfixió el olor de tanto recordarlo y, desteñidas por el mar de los lamentos, convirtió en mentiras las palabras que escribía. Su recuerdo era amargo, ácido y mordaz como los besos que le daba aquellos días. Había cambiado de aires, le soplaba al viento y convertía en jadeos los pasos que la conducían al abismo. Ambos volaban libremente en sus reducidos círculos y a ella la tierra la sostenía firme, aún de pie, frente al espejo de sus crueldades. Él, por el contrario había aprendido, como el mar, a seguir oleando sin tegua, flotando a la deriva amarrado a su libreta marrón. El mundo menguaba bajo sus pies y él, como los peces, sólo usaba las agallas para poder sobrevivir. Y ya no quería recordar el agua fría en cubos de palabras suyas.
Los pesares de un cuerpo dolorido de caricias hacían mella en el rostro de la mujer que al lado de él, ladeó el alma con el viento del oeste, y hundida en su oscuro rincón sentía como las olas, cansadas de tanto agua, desertaban en su conciencia.

Ventana al mar

Cuando te engulle el olvido,
cualquier palabra sobra.
Por ello camina enmudecida por
las calles de una ciudad hastiada de viento.

Y éste la arrastra, a jirones la entierra,
en el caos de la indiferencia.

Princesa



Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca.
Con tu sucia camisa y, en lugar de sonrisa,una especie de mueca.
¿Cómo no imaginarte,cómo no recordartehace apenas dos años?
Cuando eras la princesa de la boca de fresa, cuando tenías aún esa formade hacerme daño.
Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa.
Maldito sea el gurúque levantó entre tú y yo un silencio oscuro,
del que ya sólo sales para decirme, "vale,déjame veinte duros".
Ya no te tengo miedo nena, pero no puedo seguirte en tu viaje.
Cúantas veces hubiera dado la vida entera porque tú me pidieras llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde, princesa...
Tú que sembraste en todas las islas de la moda las flores de tu gracia,
¿cómo no ibas a verte envuelta en una muerte con asalto a farmacia?
¿Con qué ley condenarte si somos juez y parte todos de tus andanzas?
Sigue con tus movidas,pero no pidas que me pase la vida pagándote fianzas.
Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa

Joaquin Sabina

Esta Noche

Sí, ya la veo. En lo alto
atada, maltratando al sol.
Caída del infinito, como
su cabello fino y rencoroso.

Alza una mano, la detiene
parando el viento. Se derrite.
Abre los ojos, las pestañas
se queman con su mirada.

Erguida amenaza al sol,
insurrecta ante el cielo
clama, pierde el norte.

Pasa un segundo, ha ganado
la batalla. Oscuridad.
Huye el astro, la veo,
intacta. Atormenta su fiereza,
la persigue la penumbra.

Oscuridad, cien destellos,
las guardianas del cielo.
Permanece inmóvil, flota,
entre días invisibles.

Y la veo, desplomarse.
Sobre la tierra fértil, grita.
Impacto. Terminó la noche,
el amanecer gana la guerra.