No tienes peso, porque tu alma vuela.
Y la separación de las estrellas espera,
como espera el valiente temblor de arena
a que paseemos bailando sobre ella.
No hay pisadas en la arena porque tu alma vuela.
Arremolinada en el nido de mis cabellos
con calma infinita aguarda, a besar cada palabra.
Calma en un jardín sin flores,
tormenta en un desierto azul cielo.
Crece enarbolando sueños en mi cuello,
por los oídos se cuela etérea y salada.
Brillan tres espejos de sosiego fugaz
en esta noche amparada en destellos
de miel y melocotón en almíbar.
No pereces porque tu alma vuela,
y yo la guardo recogida en retazos
de mañanas fresa y caricias verde esperanza.
Como siempre, en tu cama alternas
besos y cajas de bombones café.
Bondadoso elevador de esencias,
¿Por qué mi alma sigue anclada al suelo?
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